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¿Estás list@ para una nueva relación?

14 Ene

Muchas personas (bueno, siete) me han preguntado: “Querido Panda, ¿cómo sé si estoy list@ para comenzar una nueva relación?” A lo que impuntualmente he tratado de dar respuesta, siempre bajo la filosofía panda (la verdad, sólo fueron cuatro personas). Sin embargo, dada la gran cantidad de correos, tweets y mensajes en Facebook, preguntando cuándo volvería El Pensar de un Panda, (vale, vale, fueron dos, pero son mis fans) este blog retoma funciones, compartiendo con todos ustedes las conclusiones a las que llegamos luego de una no tan larga investigación, que incluyó dos programas de Laura, tres “historias” de La Rosa de Guadalupe y medio capítulo de Glee (Ya, lo reconozco. Nadie me preguntó nada. Creo que en realidad nadie lee este blog). Espero que lo disfruten y les sea de utilidad, según sus necesidades (última vez que intentó aparentar que leo los comentarios que dejan aquí o en Facebook. Lo prometo ¬¬).

Cada persona tendrá su opinión (y la mayoría está mal) respecto a cómo debe sobrellevarse un rompimiento; mas, en lo que todos concordamos es en que tarde o temprano debemos volver a la búsqueda del amor.  El problema no es cómo, sino cuándo. Algunos dicen que hay que salir al mundo de las citas desde el siguiente día, o esa misma noche si te es posible. Otros opinan que se debe esperar a que el corazón deje de doler. Incluso he escuchado sobre períodos de luto amoroso, que se expresa en la siguiente fórmula: La = (e+tr)/2p  donde “e” representa la edad en años de la persona; “tr”, tiempo de relación en meses; y “p”, pretendientes conocidos sin importar la sexualidad (en serio, si alguien hace caso a mi fórmula… ni siquiera vuelvan a pararse por aquí).

Pero, como casi siempre, El Pensar de un Panda conjuntó la mayoría de las teorías, opiniones y loqueras en sólo tres puntos fáciles (espero) de entender y recordar, que te ayudarán a darte cuenta de si en verdad estás list@ o no para comenzar una nueva relación.

  • Tu ex, ¿es sólo un ex?

Sé que suena a tontería; pero esto es de lo primero que debes estar segura antes de pensar en dar el siguiente paso. ¿Aún se te escapa un suspiro al ver su foto?, ¿qué tan seguido visitas su perfil de Facebook? (o Twitter, o Tumblr, o Cowbird, o Hi5, o cualquier otra red por donde se pueda acosar a alguien), ¿podrías estar en la misma habitación que él sin temer (o querer) que pase algo entre ustedes?, ¿te preocupa verlo o que te vea con alguien más? Si te pidiera que volvieras con él, ¿lo harías?, ¿lo pensarías al menos?

Vamos a dejar dos puntos en claro: el primero es que un clavo no saca a otro clavo (no me creas a mí; se lo pregunté a un carpintero, y me guiñó un ojo. Tuve miedo.); si quieres que alguien te haga olvidar a otra persona, inténtalo con un perro y no le quites el tiempo a nadie más (a pesar de lo que podría pensarse, esto no tiene dedicatoria). El segundo punto: dicen que el tiempo cura todo. Sí. Pero toma en cuenta que no comenzarás a sanar mientras el puñal siga dentro, y SIEMPRE quedarán cicatrices. Aún así, son preferibles seis meses o más de soltería (soltería, no depresión) a que, por… vulnerable, te vuelvan a sangrar las heridas dos semanas después.

Sólo quien es dueña de sí misma puede entregarse a una nueva relación.

Quién ya no sufra por sus recuerdos, que arroje el primer beso.

  • Sin miedo a la soledad

Terminar una relación nunca es fácil (puede ser necesario o divertido; pero nunca es fácil). En los días siguientes a la ruptura te parece que todas las canciones hablan de él, que las nubes forman su nombre, que las flores tienen su aroma, que las abejas imitan sus ronquidos. Sientes que tus amigos no te entienden y hasta que el Sol te calienta menos. El mundo entero te lo recuerda. Y, ¿qué haces? Naturalmente, te enclaustras en tu habitación, culpas a todo mundo (menos a él) y sufres pensando qué harás ahora que estás sola. Entonces, te acuerdas de Pedrito, el amigo nerdoso que está enamorado de ti desde segundo de primaria, y le tiras indirectas para que te escuche, en el cine, en el antro, en la heladería (sí, yo fui un Pedrito; pero ya no más, desde que compré mi pulsera magnet-marvel por sólo $9.95).

Te diré un secreto: sí estás sola (¡chán-chán-chaaaaaán!) pero sólo porque así lo quieres. Mientras tú no quieras avanzar, poco importa que tus amigos y familia se desvivan tratando de animarte. Ahora bien, muchos entienden la soledad post-relación como una oportunidad para hacer “todas esas cosas que dejé de hacer o que a él no le gustaba que hiciera”; en lugar de aprovechar para reflexionar, para pensar qué hiciste o dejaste de hacer por el bien de la relación. Utiliza esa temporada para recordar y valorar quién eres, qué necesitas, qué mereces, y qué quieres en una pareja (sé realista, por favor). Enamórate de ti misma. La soledad es un arma de doble filo (sí, como el sable láser de Darth Moul); tú decides si la disfrutas, o te quedas en el cuarto oscuro.

“La amo; es una de tantas cosas que tenemos en común”

  • Orgullo y paciencia

Si luego de un tiempo (varía según la persona), quieres aventurarte en una nueva relación, por favor, por favor, ¡por favor!, no cometas los mismos errores. No importa si parece ser todo lo que pediste en un empaque por demás agradable a la vista. Por favor, de verdad, se supone que algo aprendiste. No te presiones; mantente alerta sin importar qué tan delicioso huela. Algo tan simple como conocer bien a los prospectos reduce considerablemente el riesgo de equivocarse de nuevo. Si busca una relación como tú, te sabrá esperar el tiempo que sea necesario (pero no abuses); sólo recuerda que los príncipes azules andan a caballo, mientras que los patanes optan por coches deportivos. Y al revés: en el caso de las damas, hay que ganarse el privilegio de ir por ellas a su casa; mientras que a las otras, es fácil encontrarlas cada fin de semana en la misma parada (es una metáfora). Ten paciencia y ve paso a paso (ya a nadie le importa si tienes cuarenta y estás libre); si todo sale bien, tendrán una vida juntos por delante, así qué, ¿qué importa esperar otra taza de café antes de mirarse a los ojos y decirse al mismo tiempo el primer “te quiero”?

También, ten en cuenta que no todos somos iguales; si Emilio Gabriel te mintió, Roberto Antonio te fue infiel y Steven Alexandro no te llamó a la mañana siguiente, eso no significa que Pedrito haría lo mismo. (Pedritos del mundo, ¡uníos!).

“Me conoce de memoria. No sólo porque nos amamos cada noche, sino porque también conquistó cada uno de mis días”

Nota: esta publicación va dirigida a las personas que ven las relaciones de pareja como algo serio, y no como un deporte de alto riesgo. Está escrito como si fuera para una mujer porque… ehm… me parece que sería más creíble que una mujer preguntara algo así; no porque no haya entre mi género alguno que quiera saber, sino porque al único que le comenté mi intención de escribir esta entrada respondió: “¿Cómo saber si estoy listo para una nueva relación? Fácil, nada más checó si me quedan más condones”. No revelaré su nombre sólo por cariño (del bueno) a su novia, que sé que siempre lee este blog (o al menos eso me ha hecho creer. Aunque no te creo, Paty).

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El Panda vuelve, y no queda más que soportarlo (o ignorarlo. Es lo que yo haría).

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Ser o no ser… la mujer perfecta

24 Abr

Situémonos en uno de los clichés de las telenovelas ―refritos― “orgullosamente” mexicanas: vemos a una mujer humilde que vino a la ciudad desde un lejano pueblito, buscando un trabajo honrado que le ayude a mandarle dinero a tu necesitada familia; sin embargo, la gente la recibe con rechazo, o indiferencia cuando tiene suerte. Pasan los capítulos, hasta que encuentra espacio como sirvienta en casa de una de las familias más importantes del país ―de esas mansiones que siempre ocupan más personas a quienes gritar― y… no tarda en caer enamorada de Víctor Eulalio Alfonso De la Garza y Garza Villalba, hijo mayor del alcalde. Un amor imposible… en apariencia, pues gracias a un buen número de situaciones convenientes, él descubre que ella es hermosa, divertida y ¡le corresponde! Como era de esperarse ―es casi obligatorio―, su padre la odia y la mira hacia abajo, como una malagradecida ―¡ah!, y a cada oportunidad trata de seducirla―, su madre jura que, sin importar qué tenga que hacer, no dejará que estén juntos, la hermana no la baja de una ofrecida, se burla de la pobre pueblerina con sus conocidas y la tacha de “naca”, y, para colmo, sus propias amigas no le creen que lo que siente es amor de verdad, pero le aplauden porque encontró la manera de salir de pobre. Luego de una sarta de escenas muy emotivas y frases melosas, a la trágica pareja, no les queda otra opción que la de huir juntos y ser felices para siempre en otro lugar. El amor triunfa, los televidentes lloran. Pero, algo pasa: tú no te quedaste tranquila, sino molesta, preguntándote por qué a ti no te pasa algo así, tratando de saber qué te falta para ser una mujer como ella, para que un hombre como ese.

Siempre pendiente a las necesidades sociales, “El pensar de un Panda” te trae la Guía del Panda para ser… la mujer panda, digo, perfecta ―que es lo mismo―; para que ya no sufras con patanes y puedas presumirle a tus amigas que Cupido sí existe. Luego de una ardua, extenuante y somnolienta investigación, este blog ha condensado las novecientas setenta y dos cosas que los hombres buscan en la mujer perfecta, en sólo doce puntos ―pero enlistamos sólo diez porque… bueno… la censura…

PRINCIPIOS BÁSICOS

  • Por los sentidos, no por el estómago

Aceptémoslo, solo en la memoria de nuestros abuelos persiste la idea de que la mujer perfecta es aquella que sabe cocinar, lavar, planchar, limpiar y estar callada al mismo tiempo que atiende al marido ―y que tiene las caderas anchas para cuando se embarace―. Olvídalo; ahora la tienen más difícil. Al varón “moderno” ―heterosexual-no-machista, para ser más específico― no le preocupa que su pareja sepa tender una cama, cuánta agua se le pone a la lavadora o a qué hora hay que apagarle a los fríjoles ―aunque dichas habilidades unisex nunca dejarán de significar puntos a favor―. Hoy en día, la mujer perfecta es la que logra cautivar cada uno de los sentidos; la que divierte e incita con su forma de ser; la que provoca necesidad de verla y ansiedad al sentirla lejos. La mujer ideal ―mujer panda, para fines prácticos― lo es desde su actitud, desde dentro. Trata bien a tu pareja, diviértanse; recuerda que las mejores relaciones ―las que duran― se basan en la mutua capacidad para hacerse reír. ―Aunque, si él es adicto al internet, hazle un sándwich… te pedirá matrimonio ahí mismo.

  • Los juegos del hombre

La mayoría de los hombres se declaran fans de las mujeres que se lanzan al ruedo sin temor al qué dirán; aseguran ―en sus cuentas de Facebook― que no les importaría que sean ellas quienes tomen la iniciativa en una relación. Esto, en la mayoría de los casos, es falso. Decía mi abuela que el hombre es un cazador por naturaleza; y esto, aunque quizás suena anticuado ―la frase, no mi abuela― tiene mucho de verdad. Entre hombres siempre estamos compitiendo, a veces inconscientemente, aunque tratemos de ocultarlo ―y competimos por quien lo oculta mejor―. Yo no digo que te limites, mujer, y que esperes sentada a que ese chavo que te gusta se arme de valor ―o de alcohol― y vaya a invitarte a salir, porque podrían faltar muchas noches solitarias para eso. No. Simplemente dale ese empujoncito que le hace falta con tu actitud, con una mirada, un roce; válete de tus artimañas y encantos para que él recupere un poco de la seguridad que tu belleza le arrebató ―awwww―. Déjalo ganar; dale algo para presumir, una historia para contar a sus amigos del cómo conquistó al amor de su vida.

  • Tanto tiempo, tanto espacio, y coincidir

―Ya sé que es la letra de una canción―. Es muy tierno cuando tu pareja cancela un compromiso o falta a una clase para disfrutar ese tiempo contigo… Lo sé. Pero hay que saber controlarse y mantener bien claras las prioridades, y comprender las de nuestro “peor-es-nada” ―¡ah, auto-pedrada!―; de lo contrario, puedes perder más de lo que ganas.  Lo maduro es tomar las cosas con calma ―controlar la hormona, como diría una amiga― y encontrar los momentos adecuados para verse. No es fácil… Lo sé, mas es lo correcto. Piénsalo un poco: si repruebas o te corren del trabajo por una calentura, perderás más tiempo y no tendrás nada qué ofrecerle más adelante a tu pareja. No por fuerza lo que llega caliente antes de treinta minutos es lo mejor; lo bueno se hace esperar.

  • Mujer de mala memoria

Nada, repito, nada es peor en una relación que las comparaciones. Dicen que el caballero no tiene memoria; pues bien, las damas tampoco deberían tenerla. Pocas cosas son tan “mata-pasiones” como los comentarios del qué, cómo, cuándo y dónde hacía algo tu anterior pareja; y peor es que le digas a tu novio, como no queriendo, que el otro lo hacía mejor que él. Hay un dicho muy mexicano, que originalmente es parte de una canción ―sí, sí… ya le voy a parar con eso de los dichos― que dice: “La chancla que yo tiro, no la vuelvo a levantar”. ¡Hazlo! En serio. No la recojas. Caray… ni siquiera voltees a ver si alguna pepenadora la recogió. Cuando comiences una relación y aún no hayas dejado atrás tu pasado, tienes dos opciones: acaba tu nuevo romance hasta que estés lista, o finge, por la tranquilidad de tu nuevo novio, que todo lo anterior a él se te olvidó. Él te lo agradecerá.

  • Una mejor amiga y no una segunda madre

Es agradable sentir que alguien se preocupa por ti ―de la buena manera―; que alguien se pregunta si dormiste bien, si traes suéter, si ya te recuperaste de la gripe o si no andas demasiado ebrio para manejar hasta tu casa. Es lindo sentir ese apoyo. Pero ese mismo gusto puede convertirse en algo incómodo si eres de las personas que llaman cada diez minutos para saber en dónde y con quién anda y a qué hora va a regresar; o mandas un mensaje que es a la vez un “terminamos” y una sentencia de muerte sólo porque tu novio no respondió a una de esas llamadas ―sin detenerte a recordar que a esa hora está en el trabajo o escuela―; o lo acusas de serte infiel porque se escuchó una risa de mujer del otro lado de la línea. Tómate un respiro. Recuerda que eres su pareja, no su madre para tratarlo como un niño pequeño. Con estas actitudes no querrá que lo acompañes ni a la esquina, y lo más seguro es que te mande a… hasta donde ya no tiene recepción el celular.

  • Afloja un poco la correa… No, no tanto

Hay mujeres que llegan a ser muy posesivas ―espero no sea el caso― y quieren tener a su pareja junto a ellas tanto tiempo como les sea posible. Esto, aunque romántico en apariencia, no es sino una gradual tortura silenciosa… que deriva en tedio o aburrimiento. Vale, exageré un poco. Debemos entender que los dos tenían una vida antes de iniciar la relación, y ésa no se detiene sólo porque te gusta tenerlo cerca. Recuerda que hay amigos ―y amigas, aunque te moleste―, sesiones de trabajo, proyectos escolares, reuniones familiares o simplemente el deseo natural ―porque es natural, y sano― de a veces estar solo; y como la mujer perfecta que eres, debes aceptarlo. Dale su espacio y que respete el tuyo; esto hará que esas veces que se vean, sea porque los dos quieren y lo disfrutarán mucho más. En un principio te mirará con desconfianza, y se alejará despacio, tratando de adivinar tus oscuras intenciones, sin dejar de verte, como un niño pequeño que tiene miedo de que su mamá lo abandone en el supermercado. Luego, de repente, jala la correa sin previo aviso y hazlo que pase todo el día contigo, recuérdale que eres su pareja y que no debe dejarte sola para irse con sus amigotes ―el drama es bueno en pequeñas dosis―. Este juego lo mantendrá confundido e interesado, creyendo que goza de una libertad… que ya no tiene.

  • Al lado de todo gran hombre…

Ya se ha dicho que el varón es competitivo con sus semejantes, así que no debería sorprenderte que en ocasiones quiera mostrarte como un trofeo; y es que en cierta medida lo eres para él. Hay que tener en mente que el amor tiene un alto porcentaje de admiración. No me crees, piensa en esa persona a la que amas y la larga lista de virtudes que ves en él, en el cómo a veces te da la impresión de que tiene más talento que cualquier otro; recuerda esa ocasión en la que te pareció que va a ser el siguiente Steve Jobs, sólo porque instaló el antivirus en tu computadora, o el siguiente Cristiano Ronaldo porque le metió un gol a su sobrinito de tres años. Si crees que tu amigo, novio o esposo es el hombre perfecto, dale motivos para estar orgulloso de ti, para sentirse afortunado de tener a una mujer como tú a su lado. Descuida, no tienes que esforzarte mucho, pues si te ama tanto como tú a él, te aseguro que te considera la mejor cantante del mundo desde esa vez que le cantaste “Las mañanitas” por teléfono ―el problema con el amor no es que sea ciego, sino que le nubla la vista al que lo padece también.

  • Los tuyos, los míos, los nuestros

Hay dos capacidades que nos delatan como humanos ante el resto del universo: la de soñar y la de equivocarnos. En ambos casos, la presencia y el apoyo de una pareja es muy importante. La mujer perfecta sabe cuáles son los sueños y ambiciones de su cónyuge, y a pesar de que algunas de ellas puedan parecerle tontas  ―como convertirse en jedi o salvar a la Tierra Media― las respeta y trata de mantenerlo motivado. Pero, a la vez que lo alientas a ser mejor día a día, déjalo que él te ayude ―cuando menos intente ayudarte― a alcanzar tus metas. Una mujer sin sueños ni ambiciones termina por aburrir a cualquier hombre… que sí los tenga.

  • Tratado de libre comercio

Habla, mujer, habla. Cuando algo esté mal, cuando algo no te guste o cuando quieras algo en particular, díselo a tu pareja, por favor. Sí, es muy romántico que él te adivine el pensamiento y te sorprenda con una caja de chocolates o un panda de peluche que te haga recordarlo por las noches; pero ese grado de comunicación casi telepática sólo se consigue luego de mucho diálogo y convivencia. Comienza despacio, con lo básico: déjalo que sepa qué te gusta y qué no; si durante los primeros meses de la relación sientes que algo falla o una actitud suya no te agrada, díselo; si estás muy enojada, triste, sensible, incómoda, lo que sea, y él te pregunta qué tienes, muérdete el orgullo y trata de explicarle sin rodeos qué está pasando. De esta manera, en poco tiempo él será capaz de entender tus silencios, de adivinar tus deseos y de interpretar tus miradas. A cambio, vas a ver cómo él se abre más contigo, facilitándote más las cosas.

  • Siempre hay un roto para un descosido

En este punto se supone que deberíamos hablar sobre las cuestiones de belleza y sexualidad; pero cada persona tiene gustos ―y fetiches― diferentes, en ambos aspectos, por lo que nunca acabaríamos. Es común ver por la calle a una pareja en la que no puedes evitar preguntarte ¿qué demonios le vio?, o ¿cómo alguien así puede tener novio y yo no?; pero tenemos que estar consciente de que la percepción de la belleza es cien por ciento subjetiva. Dicho de otro modo, la belleza está en los ojos del que la mira. No te sientas mal porque el vampiro brilloso no te voltea a ver, pues quizás te hubiera tratado como a una sirvienta o una más de su harén; da un vistazo a tu alrededor y date una oportunidad con un duende o algún troll. Recuerda que a veces los sapos se convierten en príncipes. Parte crucial de ser una gran mujer, es tener la capacidad de saber reconocer a un gran hombre. ―¡Porque aún hay… esperanza!, lo siento, me traicionó el fanatismo Simpson.

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Mamá, quiero ser un “Hipster”

25 Dic

Yo sé que tú eres de esas personas que se interesan por el acontecer diario, el arte y la cultura―ajá…―; y, por lo tanto, no temes apagar la televisión en medio de la telenovela, el partido de fútbol o la computadora ―luego de leer “El pensar de un panda”, claro está― para asistir a conciertos de música clásica o bandas nuevas e independientes, presentaciones de libros, galerías itinerantes de escultura, fotografía y pintura, lecturas de poesía con o sin performance, y nunca te pierdes un seminario sobre la filosofía de la “prole” en el siglo XVI. Pues bien, déjame decirte que no estás solo en el mundo―no eres nada especial, ni te emociones―, mira a tu alrededor y date cuenta de que sólo eres un “hipster” más―¡uuuuuh!, qué mainstream eres.

Los “hipsters” son una de las más peculiares ―y curiosamente de las más abundantes― tribus urbanas que abarrotan las calles. Son aquellas personas que presumen de tener gustos que se empeñan en encasillar como alternativos: escuchan música independiente, leen mucho y de todo, se precian de ser cultos ―gracias, National Geographic e History Channel― y visten, según ellos, por encima de la moda ―aunque caen en lo retro―. Es por esto que El pensar de un panda ofrece a continuación la “Guía del panda para ser… hipster” ―pero… seguir guías es taaaaaan ordinario.

PRINCIPIOS BÁSICOS

Sobra remarcar que las reglas son para la “borregada”, y que un buen “hipter” hace las suyas en base a su sobrada experiencia y riqueza cultural; sin embargo, también hay que recordar que la cultura y las artes se fundamentan en reglas y estándares, y que es cuando el artista sobrepasa esos límites que se consigue una obra maestra ―oh, soy tan culto―. Así, esta parvada urbana se podría resumir en una regla: se  debe conocer lo ordinario ―a lo que llaman “Mainstream”―, pero estar a la caza y saber apreciar lo diferente. Suena sencillo, ¿verdad? Luego de una larga ―estaba jugando el demo del Diablo III mientras la hacía― investigación, presento ocho aspectos que aquellos que deseen formar parte de este grupo no pueden pasar por alto.

  • La ropa hace al gato

Vivimos en un mundo que se rige por el “como te ven te tratan”, y nadie te reconocerá como “hipster” por la blancura de tus dientes, el reloj que te cuelgas al cuello o por la mancha de cátsup en tu corbata. Tu vestimenta debe reflejar el caos interior que te roba el sueño; debes decirle al mundo que vistes libre porque no te importa lo que piense de ti, siempre y cuando sean cosas positivas; porque si alguien piensa mal de ti, te sentirás mal y para vengarte harás como que no te importa ―la sociedad no debe entenderte, pues ni tú lo haces la mayor parte del tiempo―. El atuendo hipster por excelencia es la apariencia retro ―asalta el ropero de la abuela―: combina la mayor cantidad de colores, diseños y texturas en ropa de segunda mano o de un diseñador que apenas comience ―recuerda que las grandes marcas son el enemigo―. Sin embargo, lo más característico de los miembros de esta tribu en la actualidad son los lentes de montura gruesa ―que tengan aumento (o sentido) es opcional―, así como el peinado estilo barquillo-de-helado, ―que te hará resaltar en las conferencias de los antropólogos a favor del uso de los focos de 45 watts― y, por último, pero no menos importante, tu sombrero de detective mal pagado… o cualquier gorra, el punto es tener algo que quitarte para cuando hagas como que estás pensando. Ahora ya tienes el look adecuado para escapar de la corriente.

  • La hipsti-cueva

Esta es una de las mayores libertades a la vez que preocupaciones en el mundo alternativo. Un hipster puede vivir en cualquier lugar y excusarse… digo, estar orgulloso: si tu domicilio es en las zonas privilegiadas de la ciudad, puedes afirmar que eres de gustos refinados y selectos; mientras que, si vives en colonias de escasos recursos, dirás que “eres muy experimental y te gusta convivir con todos, sin discriminar, porque estás harto del clasismo impuesto por el gobierno y los medios de comunicación” ―o cualquier otro sermón que aburra al oyente. De nuevo: el sentido es opcional― . Pero eso sí, tu hogar debe estar decorado del suelo hasta el techo con ilustraciones simbólicas, arte abstracto, pinturas y fotografías de tus amigos artistas y centenares de frases poéticas escritas con mil y un tintas y colores ―su favorita es la fuente Helvetica―. Tu casa, como tu vestimenta, es un reflejo de tu Yo innovador y rebelde, al mismo tiempo que revela tu Yo sensible que sólo quiere ser aceptado por los demás.

  • El soundtrack perfecto

Otro accesorio que delata a los hipster son los audífonos, que pueden ir desde los tamaño chicharo hasta antena parabólica; y la razón es simple: no pueden vivir sin música. Pero no creas que los verás cantando el nuevo éxito de Daddy Yankee o lo más nuevo de La Tigresa del Oriente, no, ellos pensarán en una mezcla absurda de géneros ―algo como mariachi-tribal-electro-neutropop―, buscarán entre los países menos conocidos, al artista menos popular y la elegirán como su nuevo máximo ídolo. Que no te sorprenda escuchar a un hipster hablando de un grupo de Papúa Nueva Guinea que canta en nahúatl sobre la deshonra a la gran diosa de las termitas. Para ellos, entre menos personas conozcan a su cantante, lo hace más y más extraordinario.

  • Dime cuánto lees y te diré quién eres

Atrás quedaron los tiempos en que la lectura era sólo un placer/pasatiempo de algunos; los verdaderos hipsters quieren leerlo todo y la mayor cantidad de tiempo que les sea posible. El individuo de esta sub-raza se interesa por cualquier tema y se convierte en un sabelotodo ―las pláticas entre los hipsters van desde el auge económico de China hasta el si es o no cierto que las flores crecen más si les dices palabras bonitas―. Tu obligación es estar preparado para hablar de todo y en el momento menos pensado. Piénsalo un poco: ¿de qué te sirven esas gafas y el sombrero, si al abrir la boca delatas tu ignorancia? Lee, lee y recuerda que entre menos conocido es el autor, mejor para los propósitos hipster.

  • Fan del séptimo arte, pero primero el arte.

A ti no te importa quien ganó el Oscar, eso es muy de los ordinarios, de los borregos que siguen las tendencias que los medios de comunicación dirigen. No, lo hipster son los Cannes y el Festival de Sundance, es ir al apartado de “Cine de arte” en Blockbuster y rentar seis o siete películas al azar; no importa el actor, director, muchos menos el año en que se hizo la película, lo que cuenta es que, mientras los demás hablan de Harry Potter, Crepúsculos y Los Vengadores, el hipster hablará de una estupenda cinta norcoreana ―que seguramente no entendió, pero que recitará de memoria la sinopsis que leyó en la parte trasera de la caja.

  • Cuida lo que sale de tu boca

Aunque el hipster promedio lo niegue, su intención es convertirse en líder de opinión. Y tú quieres ser uno de ellos, así que debes mantener un nivel de cultura muy por encima de la media; y hablar/escribir de acuerdo a ello. En esta especie no tienen cabida los que escriben así: “ezzzzSSSStuVo zUPppper”, ―cada vez que pones un acento, un árbol revive. Únete a la campaña―. De manera que, si eres de los que dicen “oistesss”, “pensastesss”, “ta’ rechulo” o “yatu sabe'”, temo decirte que deberías de tirar tu intención al retrete, porque te arriesgas a la humillación pública y al rechazo psicológico cuando intentes acercarte al grupo hister de tu cOmUniDAaH.

  • Alta vida social

Reúnete con tus amigos pseudo-intelectuales cada dos días en un café o un bar temático en donde puedas platicar ―Starbucks es el más habitual― y hablen muy alto sobre cine, literatura y música; comparen grupos y conocimientos; lean haikús e improvisen una velada bohemia a la luz de la luna y la mirada confundida de los meseros. Es su deber vanagloriarse de su cultura y compartirlo con el resto del mundo. Ah, pero tampoco debe faltar el que hagas burla de las personas de mente inferior que te rodean: mófate del tipo que pone canciones de Andrea Bocelli en su computadora, del que trae la Novena Sinfonía de tono en el celular y del que está leyendo a Paulo Coelho ―ehm… con este último ensáñate lo más que puedas.

  • Ser o no ser… esa es la cuestión

Ahora que ya haz cumplido con los puntos anteriores, debes es negarlo todo. Un verdadero hipster no se declara como tal porque sería encasillarse en un arquetipo ―y ellos están en contra de eso…―. Aunque también, si afirmas que lo eres, y lo eres en realidad, entonces estás orgulloso de ti mismo y de quién eres; pero estar orgulloso de ti mismo es lo que promueven los medios, por lo que es  muy mainstream, así que no es hipster; aunque dado que ser hipster está de moda en estos días, se necesita no serlo para entonces ser un verdadero hipster. Sin embargo, si eres hipster, estás de moda, así que en realidad no lo eres.

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Espero que te haya gustado esta entrada. Y ya sé que pedir que opines, califiques y compartas este blog es muy mainstream y no debería hacerlo, pero igual lo haré porque sé que esperas que no lo haga. Y no olvides darle “Me gusta” en Facebook ―está por acá a la derecha…

Gracias por leer, ya casi llegamos a las 3000 visitas, y a los 300 seguidores del blog.

Feliz recuento de los (d)años

25 Oct

(Dedicado a: Mónica Robledo. ¡Feliz cumpleaños!)

ANÉCDOTA

Mónica, sentada frente a la mesa, miraba con recelo el pastel. A su alrededor, cerca de quince personas decían “mordida” a coro, entre risas, una y otra vez. Ella sabía que negarse era inútil; su plan consistía en ser astuta y certera; esperaría el momento indicado, un descuido y entonces atacaría el pastel con una mordida limpia y rápida. Entonces todos se reclamarían mutuamente y podrían continuar con la celebración.

“¡Mordida, mordida!, seguían los gritos. Mónica miró a su alrededor: sus primos intercambiaban expresiones de malicia. Era obvio que planeaban hundirla, y a ella no le llamaba la atención la idea de morir asfixiada por betún. Se movió hacia el frente y los vio moverse. Estaban atentos; no sería fácil. Se miraron a los ojos fijamente. Sería un enfrentamiento de velocidad; y tenía seguridad en los reflejos que su entrenamiento como bailarina le habían dado.

Mónica se acercó de nuevo al pastel, sin dejar de verlos; lista para esquivarlos. Pero otra mano traidora la sujetó por la nuca. La muchacha cerró los ojos en el momento que su rostro se hundía en aquella pegajosa sustancia.

REFLEXIÓN POSTERIOR

Es frecuente encontrar a una cría de humano que te “presume” que faltan X días para su cumpleaños. Y es algo normal. Es decir, cuando eres niño, el calendario te parece un monstruo come-paciencia ―espéralo pronto en Plaza Sésamo―, una espera que raya en lo eterno entre los días que no tienes clases; mucho más cuando falta poco para celebrar el aniversario de los dolores de parto de tu madre. Insisto. Es normal. En esos días, tu mayor preocupación es saber si Gokú podrá salvar la Tierra o no. En fin… los días son largos e insoportables. Pero, bueno, esa fecha trae consigo muchas ventajas: tus amigos te respetarán más por ser mayor, ta darán regalos, te dejarán dormir más tarde, recibirás regalos, tendrás permiso para hacer más cosas, y, por supuesto, significa muchos regalos. Al final del día, te vas a dormir con una sonrisa, deseando que ojalá no tuvieras que esperar tanto para tu próximo cumpleaños.

“¿Qué es un adulto? Un niño inflado por la edad”

Simone De Beauvoir

Pero, conforme aumenta tu colección de arrugas en el rostro, tal pareciera que el reloj comenzara a robarse minutos. Simplemente los días no te alcanzan ni para hacer lo “urgente”; y antes de darte cuenta, llegó la noche, llegó el fin de mes ―¡la renta!―, se acabó el semestre ―y apenas le iba a echar ganas― y, finalmente, te enteras por la felicitación de algún amigo en Facebook que cumpliste un año más de vida. Te miras al espejo y te preguntas en voz de Rocío Dúrcal “(8) Cómo han pasado los años…(8)” ―…caray, si estoy envejeciendo―. Y, con suerte, recibirás uno o dos regalos. Al final del día, te vas a dormir con dolores de espalda, preguntándose qué has hecho de tu vida.

“Cada edad es un sueño que se está muriendo o uno que está por nacer”

Arthur O’Shaughnessy

La diferencia es clara, y radica principalmente en… en… ehm… ―¿de qué estaba hablando? ¡Ah, ya me acordé!―, la diferencia radica en cuáles son los pensamientos que nos gobiernan según la etapa de nuestra vida. Un niño piensa en disfrutar el momento, o en lo que hará mañana, sin preocuparse por lo que ya hizo. En cambio, la mayoría de nosotros somos fanáticos de la frase “me hubiera gustado que…”; la cual no es más que un venda que nos impide ver lo bueno que tenemos en ese momento.

“La edad no importa, salvo que usted sea un queso”

Luis Buñuel

También ocurre que nunca, nunca estamos conformes, y pasamos la vida deseando tener otra edad. Siempre me ha parecido ridículo que cuando está(bamo)s chavos ―como yo, a mis diecisiete años… y medio―, haces lo que sea para fingirte mayor; ¿cuántas chavas de quince o menos no se maquillan durante horas para que las dejen entrar al antro?, ¿cuántos chavos no compran una cajetilla de cigarros ―creyendo haber engañado al tendero― y se la fuman, a la vista de todos, con mirada de “malo”, con un pie apoyado en la pared? Pero luego, el tiempo transcurre y se sienten ultrajados porque un niño de primaria les llamó “señor” o “señora”; o porque Don Jonas, el de la tienda, ya no les pide identificación para venderles cerveza. Entonces las chavas se maquillan ahora para verse más jóvenes, y los chavos compran “Frutsis” congelados y juegan fútbol en la calle para sentirse menos adultos. No voy a ser hipócrita y decir que nunca hice tonterías así; pero sí puedo afirmar que me costó mucho trabajo comprender que ―ahora, el cliché de la semana:― lo mejor de la vida es lo que ocurre en este momento, lo que estamos viviendo.

“Haría cualquier cosa por recuperar la juventud… excepto hacer ejercicio, madrugar, o ser un miembro útil de la comunidad.”

Oscar Wilde

El pasado 23 de octubre desperté con la pregunta de “¿Qué he hecho de mi vida?” Sé que cargo con una larga lista de errores; me arrepiento de varias decisiones y de cosas que he hecho o que no hice; soy el primero en reconocer que extraño a algunas personas; y que debo mejorar en muchos aspectos.  Sin embargo, también sé que fueron esas decisiones las que me tienen en dónde estoy ahora, y que aunque pudo haber sido antes, también pudo no haber ocurrido; sé que las contadas virtudes que poseo son las que me han ayudado a rodearme de personas extraordinarias, y que con nadie tengo problemas que no tengan arreglo. Me tomó muchos años entender que soy la suma de lo malo y lo bueno que he vivido; y que, sin ánimos de presumir, me mantengo en números positivos ―por poco margen… pero ahí ando.

“Todos los días miro los obituarios de los periódicos y me fijo sobre todo en la edad del muerto. La mayoría es más joven que yo. Me asusto y pienso: a lo mejor se han olvidado de mí”

Billy Wilder

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Tengo una idea: te propongo un ”free”

16 Oct

ANÉCDOTA

Lo ves acercarse; mandaste pistas, insinuaste tus sentimientos, indirectas; y por fin ha dado resultado. Ves su rostro y sientes que tiemblan las piernas. ¿Qué le dirás? ¿Lo harás esperar? ¿Le dirás que te deje pensarlo? Tantas opciones, y todas apuntan a un final que te sabe irreal.

“Me gustas”, lo escuchas decir y te esfuerzas por no lanzarte a sus brazos y besarlo. “No, Epigenia, hazte la difícil”, te ordenas. “Quería… me preguntaba sí…”, tartamudea, y su gesto te parece adorable. Lo tomas de las manos y le pides que te mire a los ojos. “Tú también me gustas”, confiesas para ayudarlo a encontrar el valor que le hace falta.

“¿Quieres ser mi… mi… ―dice y no puedes evitar que una sonrisa delate tu emoción― Quieres que tengamos un free?” Respondes que sí de inmediato, aunque cuando la pregunta se repite en tu cabeza, entiendes que algo está mal. Lo miras confundida y él se defiende: “vengo de una relación muy complicada. No estoy listo para algo serio”.

REFLEXIÓN POSTERIOR

Las relaciones abiertas han existido desde hace mucho ―pregúntale a tu abuelo… cuando esté un poco borracho―, y es un fenómeno que es cada vez más “aceptado” y más común. Emitir un juicio entre si son correctas o no es entrar en un debate un tanto absurdo; puesto que, en la mayoría de los casos: quienes han o tienen una relación así, dirán que es una excelente opción, una manera de disfrutar y divertirte sin tanto problema ni compromiso; mientras que los que no han vivido esta experiencia, dirán que es lo peor que existe y tildarán a los que la practican como personas sin moral ni respeto por si mismas ―como esas parejas impuras que tienen sexo pre-marital, ¿cierto?―. Todas las opiniones son válidas; pero es imposible ignorar que los “free”, el tipo más frecuente de estas relaciones, proliferan peor que la gripe común o la influenza ―sólo que esto no nos deja sin clases… aunque puedes perder una o dos.

“Un ‘free’ es como tener un noviazgo, sin preocuparme por tener contento a nadie; es disfrutar las mejores partes sin sentirme atada o comprometida”

¿Qué es un ‘free’? Es una relación ―nah… ¿en serio?― entre dos o más personas ―¡ah! ¿en serio?― en la que no existe compromiso, fidelidad y, lo más importante, sentimientos. Una de sus características consiste en que desde un principio se fijan las reglas de la relación. Así, los involucrados pueden elegir días y lugares para sus encuentros y “episodios”, decir qué les gusta y qué no; pero, sobre todo, establecer los límites y… ehm… condiciones de uso.

“¿Un ‘free’? No gracias. Soltar sin compromiso… Jamás lo haré. Si quieren algo así conmigo, que lo demuestren y se lo ganen”

Como en todo, tener o ser un “free” tienes ventajas y desventajas. Veamos las primeras (cabe aclarar que, así como tu free debe hacerlo por ti, es tu obligación responder de la misma manera):

  • Diversión sin compromiso: sal ―o enciérrate― con tu free, que para eso están. Si tienes ganas de ir al cine y no ver la película, o de salir en la noche y aprovechar los rincones oscuros, adelante. Arregla la cita para divertirte un buen rato y luego no hablarse en una semana.
  • Control de temperatura: en temporada de frío ―o de excesivo calor… interno―, llama a tu peor-es-nada para que juntos se ayuden a olvidar todo lo que pasa fuera de la habitación.
  • Servicio de acompañante: si tienes planeado un viaje, evento o excursión, o sólo quieres saltarte un par de clases; pero no quieres ir sola(o), localiza a tu “terapia”, invítalo y disfruten de la oportunidad.
  • Función anti-estrés: si reprobaste un examen, te regañaron en el trabajo, o simplemente sientes ganas de gritar de tanta presión que hay sobre tus hombros. El olvido y la relajación están a una llamada de distancia.

“Un ‘free’ es un cuando dos personas deciden saltarse el drama y van directo al clímax… Literal”

Ahora hablemos de la parte difícil, de las desventajas de este tipo de relaciones:

  • No puedes enfadarte si no te llama en semanas, y cuando lo hace es sólo porque tiene “ganas”. Recuerda que fuera de esas “ganas”, no hay nada que los una.
  • No puedes armar escenas ni reclamarle si es que lo ves con alguien más, pues él(ella) no tiene por qué serte fiel ―ni tú a él(ella).
  • Cuando vaya contigo a una fiesta o evento familiar, no puedes presentarlo como tu novio(a); lo que sólo ocasionará que tus primos y amigos comiencen a hacer suposiciones ―que serán las correctas― y algunos piensen mal de ti.
  • Siempre corres el riesgo de enamorarte y no ser correspondido.

“¿Por qué le llaman ‘free’? No lo entiendo. Todas las que hacen eso… cobran, ¿no?”

¿Cómo hacer que sobreviva una relación así?

  • Lo primero que deben hacer es entender que ninguno de los dos quieren un compromiso, celos, ni darle explicaciones a nadie.
  • Deben ser maduros para hablar de las cosas. Si la idea de ser algo más aparece en tu cabeza, háblalo con tu pareja-de-ocasión. Quizás ha llegado el momento de decir adiós, o de formalizar.
  • Sigan las reglas que establecieron, y estén preparados para separarse cuando sea necesario ―y antes de que sea urgente.
  • No hagan planes a futuro, pues recuerden que nada los une y podrían llevarse una grave decepción.
  • Salgan con más personas, tengan otros “free”. Mantén varias opciones disponibles; esto hará más fácil el momento de la separación.
  • No accedas a una relación de este tipo con la esperanza de que el otro se enamore de ti.
  • NO INVOLUCRES SENTIMIENTOS.

“Yo creo que todos, hombres y mujeres, hemos pensado en tener un “free”. En serio. Sólo que, quizás no nos lo han propuesto de la manera indicada”

En apariencia es como si pusiéramos los sentimientos a un lado, como si jugáramos con nuestras emociones y lo único que importa es divertirse. Bueno o malo, es una situación ordinaria que ya no debería espantarnos. Aceptar o declinar una oferta de “free” es un pensamiento complejo y, como en todo, siempre es la primera vez la más difícil.

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Gracias por leer. Denle manita arriba o abajo según lo crean conveniente. Les recuerdo que e gustaría mucho saber qué opinan acerca de este tema.

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Cuando sea grande, quiero ser mexicano

18 Sep

ANÉCDOTA

Despiertas ya pasado el medio día, con resaca, naturalmente; la fiesta que organizaron tú y tus amigos para dar “El Grito” terminó casi a las cinco de la mañana. Tratas de hacer memoria: ¿qué tomaste? Tequila, mucho tequila; una, dos o veintisiete cervezas; y quizás un poco de brandy, coñac y whiskey para verte refinado. No te arrepientes. Sientes ganas de vomitar y parece que tu habitación está dando vueltas; pero no te arrepientes.

Anoche gritaste a todo orgullo: “‘Viva México!”, abrazaste a un montón de desconocidos, acusaste de “maricas” a un grupo de abstemios y trataste de conquistar a cuanta mujer se te puso enfrente; buscaste pleito con siete sujetos y le diste un puñetazo a ése que insultó a tu equipo de fútbol y al que intentó ligarse a tu hermana. Bebiste directo de la botella, cantaste con el mariachi las de Pedro Infante, Agustín Lara y José Alfredo Jiménez. Saliste caminando en zigzag y, para cerrar una noche perfecta, saliste en televisión y, gracias a internet, muy pronto serás famoso.

Miras el reloj: las 12:41. Tenías que estar en el trabajo desde las ocho. No importa. Ya pensarás en la excusa para tu jefe; te consuela pensar que lo más probable es que él esté igual que tú. Después de todo, celebrar a la nación es sólo una vez al año.

REFLEXIÓN POSTERIOR

Ser mexicano no es ponerte la playera de tu equipo cada fin de semana, ni ofenderte porque un programa de televisión británico se burló llamándole “tortilla” a un auto ―que, sigo diciendo, parece más bien una torta pequeña―, ni siquiera se trata de empeñar hasta a tu perro para ir a apoyar  a la selección a algún mundial; ser mexicano va más allá de eso, es un orgullo a la vez que un privilegio del que no cualquiera puede presumir ―sólo los nacidos en territorio nacional, de padre o madre mexicana o que se naturalicen, o los que nacen en embarcaciones o aeronaves con nuestra bandera… pero nada más ésos―. Y debemos de disfrutar y celebrarlo como tal.

Pocos países en el mundo pueden presumir de tener una tradición histórica como nosotros. Podríamos hablar de los aztecas, toltecas, tlaxcaltecas, zapotecas, mixtecos, huastecos, teotihuacanos, pames, purépechas, rarámuris; cada pueblo con sus costumbres, tradiciones, arquitectura, política y comercio; y, aún así, estaríamos apenas dando un pestañeo de nuestra historia ―porque nuestra historia no comenzó con la llegada de los españoles―. Después vino el mestizaje, la sangre europea y africana llegó a nuestra tierra. Todas estas mezclas dieron como resultado al México moderno, mismo que se define como una sociedad pluricultural y tolerante; que se mantiene fiel a sus costumbres como el Día de Muertos y… ehm… otras ―el hecho de que no pueda pensar en una no significa que no las haya―; somos un país que conquista al corazón extranjero con la calidez de su gente y sus maravillas naturales ―ah, eso sonó a comercial barato de la SECTUR.

El mexicano es adicto al peligro y a las emociones fuertes; no teme a la muerte, sino que la ve como su amiga. Disfruta de la sensación de la adrenalina, quiere hacerlo todo al mismo tiempo ―este blog es muy mexicano― y sabe trabajar bajo presión ―no es que sea flojo―, por eso que espera hasta el último momento para cumplir con sus actividades o tareas; vive bajo la premisa de: “Me van a pagar igual si lo entrego hoy o el último día”. Y, en caso de no terminar, tiene una capacidad de inventiva única en el mundo; las excusas brotan de sus labios como un reflejo ―y muchas veces son verdaderas genialidades: historias con introducción, dos o tres nudos y un desenlace sorpresivo y conveniente―. Todo para conseguir un aplazamiento de la fecha de entrega. Lo que conduce a otro punto importante de la idiosincrasia nacional: la puntualidad. En México es común escuchar “cité a la gente a las ocho, para empezar como a las nueve y media”, o “¿Llegar temprano? Ni que fuera a barrer”. En la mayoría de los trabajos y escuelas existe algo llamado “tiempo de tolerancia”, que va de los cinco hasta los quince minutos ―al menos eso me han dicho…― y que sólo es un rango en donde la impuntualidad es todavía “perdonable”.

En cuestión de ciencia y cultura, México es cuna de tres personajes galardonados con el Premio Nobel: Alfonso García Robles, ganador del Nobel de la Paz en 1982; Octavio Paz, premio Nobel de Literatura en 1995; y Mario J. Molina, ganador del Nobel de Química en 1995. Es sólo cuestión de tiempo para ampliar esta lista, pues, la televisión nacional está repleto de programas culturales que fomentan el pensamiento analítico-crítico de los niños: “Laura”, “La rosa de Guadalupe”, “La Academia ―¡ahora, en 3D!”, Ventaneando, Big Brother ―en cualquiera de sus versiones”, “Las lavanderas”, “Guerra de chistes”, etcétera. Por si eso fuera poco, el mexicano promedio lee tres libros al año, si multiplicamos esta cifra por los 112 millones de mexicanos que somos, da un aproximado de 336 millones de libros leídos ―de alguna manera había que salvar esa cifra.

Además, nuestra gente sabe de historia; un estudio reciente demostró que más del 60% de la población sabe que los niños héroes fueron: Juan Escutia, Juan de la Barrera, Agustín Melgar, Vicente Suárez, Harry Potter y Ron Weasley.

Si de algo podemos presumir es de nuestra gastronomía, que es reconocida a nivel mundial por su gran variedad de sabores y su condimentación; no por nada en el 2010, la UNESCO la nombro como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Platillos tan típicos como el mole, los tamales, el zacahuil, las tortas ahogadas, o los tacos son sólo la punta del iceberg ―sí, la RAE ya agregó esa palabra a nuestro diccionario―; tampoco podemos olvidar a la pizza a la mexicana, el chili con carne o los makis con salsa Valentina. Todas estas recetas nos confirman de la riqueza ―y la fortaleza gástrica― que tiene nuestra gente.

Por eso ―y por muchas otras razones que no escribiré porque ya me dio flojera―, es que México es único y debemos estar orgullosos de haber nacido en él. Nadie quiere ―ni puede― “ocultar el nopal con un dedo” o ser indiferente ante la difícil etapa que atraviesa nuestro país; pero les recuerdo que esas circunstancias no son más fuertes que nosotros, que la sociedad, que nuestro deseo de ser cada día mejores y poner en alto, en donde le corresponde, el nombre de nuestra patria. ¡Viva México! ¡Viva Hidalgo! ¡Viva Morelos! ¡Viva Jiménez!… y demás calles del Centro Histórico.

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Guía para ser un buen Conspiranoico (o no)

11 Sep
Con motivo del décimo aniversario del ataque a las Torres Gemelas en Estados Unidos ―mejor diré “conmemoración”, porque aniversario suena  a que estoy de acuerdo―, El pensar de un panda trae la primera “Guía del Panda para ser…”; en esta ocasión, hablaremos sobre esas peculiares personajes que se encargan, muchas veces sin investigación ni fundamentos, de proponer teorías buenas o malas acerca de todo lo que pasa a nuestro alrededor, y que han tomado como  uno de sus temas favoritos el 11/09.
“Una teoría conspirativa se refiere a la manera de explicar uno o más sucesos a partir de mantener ocultas sus verdaderas causas o intenciones al público”
Así, los “conspiranoicos” son personas que tienen especial interés en develar esas informaciones ocultas.
PRINCIPIOS BÁSICOS
No existe un reglamento como tal acerca de cómo debe ser y comportarse un conspiranoico, ni se puede precisar hasta dónde puede llegar su número de teorías o la gravedad de éstas. Por tanto, el mundo de las conspiraciones depende en su totalidad de las percepciones y la interpretación que se pueda hacer de los hechos. Después de una larga y tensa investigación ―de casi veinte minutos―, reflexión, análisis y seis tazas de café, encontré varios aspectos que tienen en común el grosso de los conspiranoicos.
  • Todo el mundo te persigue.

Tal como el término lo dice, si eres conspiranoico debes de temer a todos esos enemigos invisibles que te acechan, que esperan un momento de descuido para eliminarte por saber la verdad. Te cuidas de todo el mundo y sus alrededores, te escondes de los satélites y huyes de los semáforos ―pues sabes que tienen micrófonos ocultos―; miras con frecuencia por encima de tu hombro y corres al menor indicio de peligro ―esas moscas están volando muy sospechosas.

  • La razón la tiene quien Yo decida.

El conspiranoico no se fía de los comunicados oficiales o los boletines científicos; sus métodos de investigación son casi empíricos ―algunas veces rayan en lo visceral―, y se basan en dos elementos: a) Lo que escuchó en algún lugar, y b) Lo que el instinto le dice.

Gracias a esto, su opinión se convierte en la única e irrebatible verdad. Y todos aquellos que afirman lo contrario son marionetas del sistema.

  • El contexto no importa.

El conspiranoico no toma en cuenta nada sino los hechos; y puedes hacer lo que sea necesario para tener “evidencias”. Utiliza las fotos, videos y  grabaciones y edítalos para tu beneficio. Quizás puedes hacer un acercamiento para que la gente vea la mota de polvo marciano en el traje de Obama; o deformar la imagen de Google Earth para revelar la presencia de una nave austriaca invisible que sobrevuela tu casa para sacar toda la información de tu familia ―recuerda: photoshop es tu mejor y único amigo.

  • Las Teorías no tienen que ser lógicas.

El conspiranoico no es selectivo de sus temas. Puedes poner en duda que el hombre llegó a la luna, al mismo tiempo que afirmas que el gobierno ocultó que ahí se encontraron con extraterrestres, además de con una base militar nazi. Seguro que alguien te dirá que tus ideas se contradicen; pero, ¡no importa! No tienes por qué preocuparte de cuestiones tan triviales como la lógica. Tu único compromiso es con la verdad.

  • Identifica a tu némesis.

Forma tu cadena de culpables y júrale fidelidad. Recuerda: siempre hay un culpable. No importa si quieres culpar a los vagabundos, a los políticos, a los rayos del sol, a los que se despiertan antes de las once de la mañana, a los delfines o a los granos de arroz ―o a los hombres-topo― de todo lo malo que ocurre a tu alrededor; tus motivos pueden ser absurdos y nadie puede decirte que están mal. Sólo hazlo. Recuerda: eres conspiranoico y mereces respeto.

  • Recorta, copia y pega las teorías a tu gusto.

El conspiranoico es una criatura solitaria que no puede confiar en nadie; ni siquiera en los de su propia especie ―nunca puedes estar seguro de si fueron absorbidos por el sistema y tratan de engañarte―. Por lo tanto, tampoco puedes tomar sus teorías como algo seguro; pero sí tienes la posibilidad de tomar las partes que más te gusten. Así, por ejemplo, si leíste la teoría de que el gobierno mandó tirar las Torres Gemelas y de que se vieron naves extraterrestres entre el humo, puedes, con todo derecho, generar una nueva teoría que diga: “El gobierno derribó las Torres por orden de los extraterrestres; y el ejército no los enfrentó debido a la tregua que existe desde Rosswell” . Esto último te lo dice el instinto ―o un grillo―, así que ¡debe ser verdad!

  • Tu investigación es el mundo mismo.

El conspiranoico realiza sus investigaciones en Youtube y blogs ―otro tipo de blogs, no como éste―, nada más, pues no confía en lo que dicen las autoridades ―son el enemigo, ¿recuerdas?―. Del mismo modo, tiene la libertad de saltarse páginas, leer párrafos aislados, incluso palabras sueltas o ver las partes del vídeo que decida y entonces formarse una idea. Su campo de investigación es la vida misma, lo que el Universo le susurra al oído mientras camina. Además, cuando no logra encontrar la información que necesita, naturalmente culpará a alguien más de ocultarla―los maldigo, hombres-topo― y basándose en su instinto podrá inventar o deformar los hechos.

¿CÓMO DEFENDER TUS IDEAS Y TEORÍAS?

El conspiranoico se encontrara con obstáculos a cada paso, por lo que debe conocer la manera correcta de imponer sus ideas ante lo demás ―no quiere aliados, sino reducir el número de “crédulos” en el mundo.

  • “Nunca sabremos la verdad”

Esta frase te sacará de cualquier apuro. Cuando te veas en una discusión o debate complicado, aferrate a esas cuatro palabras y repítelas hasta el cansancio. Recuerda que tu obligación es la de creer en las teorías, no de entenderlas o, mucho menos, ser capaz de explicarlas. Para rematar, dirigete a tus contrarios como: “ignorantes”, “borregos” o “crédulos”.

  • El bucle (loop) infinito.

Consiste en cambiar el tema en cualquier momento y la cantidad de veces que creas necesarias. Así, cuando una de tus teorías tambalee, toma otra y contraataca; si se te van terminando, puedes retomar las primeras y repetir este proceso hasta hartar a tu oponente y así ganes por abandono ―nunca dije que serían métodos “honorables”.

  • La estrategia de la avalancha (de las piedras).

En nuestros días, la mayor parte de los debates en los que te verás enfrascados serán en internet; lo cual te da una enorme ventaja. Mientras discutas con alguien, llena su ventana o foro de enlaces a videos, ensayos, investigaciones, imágenes, cualquier cosa; el punto que se vea sofocado ante tal cantidad de información ―de la que no has leído ni una décima parte, y probablemente nunca lo harás― y se dé por vencido.

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