Archivo | octubre, 2011

Feliz recuento de los (d)años

25 Oct

(Dedicado a: Mónica Robledo. ¡Feliz cumpleaños!)

ANÉCDOTA

Mónica, sentada frente a la mesa, miraba con recelo el pastel. A su alrededor, cerca de quince personas decían “mordida” a coro, entre risas, una y otra vez. Ella sabía que negarse era inútil; su plan consistía en ser astuta y certera; esperaría el momento indicado, un descuido y entonces atacaría el pastel con una mordida limpia y rápida. Entonces todos se reclamarían mutuamente y podrían continuar con la celebración.

“¡Mordida, mordida!, seguían los gritos. Mónica miró a su alrededor: sus primos intercambiaban expresiones de malicia. Era obvio que planeaban hundirla, y a ella no le llamaba la atención la idea de morir asfixiada por betún. Se movió hacia el frente y los vio moverse. Estaban atentos; no sería fácil. Se miraron a los ojos fijamente. Sería un enfrentamiento de velocidad; y tenía seguridad en los reflejos que su entrenamiento como bailarina le habían dado.

Mónica se acercó de nuevo al pastel, sin dejar de verlos; lista para esquivarlos. Pero otra mano traidora la sujetó por la nuca. La muchacha cerró los ojos en el momento que su rostro se hundía en aquella pegajosa sustancia.

REFLEXIÓN POSTERIOR

Es frecuente encontrar a una cría de humano que te “presume” que faltan X días para su cumpleaños. Y es algo normal. Es decir, cuando eres niño, el calendario te parece un monstruo come-paciencia ―espéralo pronto en Plaza Sésamo―, una espera que raya en lo eterno entre los días que no tienes clases; mucho más cuando falta poco para celebrar el aniversario de los dolores de parto de tu madre. Insisto. Es normal. En esos días, tu mayor preocupación es saber si Gokú podrá salvar la Tierra o no. En fin… los días son largos e insoportables. Pero, bueno, esa fecha trae consigo muchas ventajas: tus amigos te respetarán más por ser mayor, ta darán regalos, te dejarán dormir más tarde, recibirás regalos, tendrás permiso para hacer más cosas, y, por supuesto, significa muchos regalos. Al final del día, te vas a dormir con una sonrisa, deseando que ojalá no tuvieras que esperar tanto para tu próximo cumpleaños.

“¿Qué es un adulto? Un niño inflado por la edad”

Simone De Beauvoir

Pero, conforme aumenta tu colección de arrugas en el rostro, tal pareciera que el reloj comenzara a robarse minutos. Simplemente los días no te alcanzan ni para hacer lo “urgente”; y antes de darte cuenta, llegó la noche, llegó el fin de mes ―¡la renta!―, se acabó el semestre ―y apenas le iba a echar ganas― y, finalmente, te enteras por la felicitación de algún amigo en Facebook que cumpliste un año más de vida. Te miras al espejo y te preguntas en voz de Rocío Dúrcal “(8) Cómo han pasado los años…(8)” ―…caray, si estoy envejeciendo―. Y, con suerte, recibirás uno o dos regalos. Al final del día, te vas a dormir con dolores de espalda, preguntándose qué has hecho de tu vida.

“Cada edad es un sueño que se está muriendo o uno que está por nacer”

Arthur O’Shaughnessy

La diferencia es clara, y radica principalmente en… en… ehm… ―¿de qué estaba hablando? ¡Ah, ya me acordé!―, la diferencia radica en cuáles son los pensamientos que nos gobiernan según la etapa de nuestra vida. Un niño piensa en disfrutar el momento, o en lo que hará mañana, sin preocuparse por lo que ya hizo. En cambio, la mayoría de nosotros somos fanáticos de la frase “me hubiera gustado que…”; la cual no es más que un venda que nos impide ver lo bueno que tenemos en ese momento.

“La edad no importa, salvo que usted sea un queso”

Luis Buñuel

También ocurre que nunca, nunca estamos conformes, y pasamos la vida deseando tener otra edad. Siempre me ha parecido ridículo que cuando está(bamo)s chavos ―como yo, a mis diecisiete años… y medio―, haces lo que sea para fingirte mayor; ¿cuántas chavas de quince o menos no se maquillan durante horas para que las dejen entrar al antro?, ¿cuántos chavos no compran una cajetilla de cigarros ―creyendo haber engañado al tendero― y se la fuman, a la vista de todos, con mirada de “malo”, con un pie apoyado en la pared? Pero luego, el tiempo transcurre y se sienten ultrajados porque un niño de primaria les llamó “señor” o “señora”; o porque Don Jonas, el de la tienda, ya no les pide identificación para venderles cerveza. Entonces las chavas se maquillan ahora para verse más jóvenes, y los chavos compran “Frutsis” congelados y juegan fútbol en la calle para sentirse menos adultos. No voy a ser hipócrita y decir que nunca hice tonterías así; pero sí puedo afirmar que me costó mucho trabajo comprender que ―ahora, el cliché de la semana:― lo mejor de la vida es lo que ocurre en este momento, lo que estamos viviendo.

“Haría cualquier cosa por recuperar la juventud… excepto hacer ejercicio, madrugar, o ser un miembro útil de la comunidad.”

Oscar Wilde

El pasado 23 de octubre desperté con la pregunta de “¿Qué he hecho de mi vida?” Sé que cargo con una larga lista de errores; me arrepiento de varias decisiones y de cosas que he hecho o que no hice; soy el primero en reconocer que extraño a algunas personas; y que debo mejorar en muchos aspectos.  Sin embargo, también sé que fueron esas decisiones las que me tienen en dónde estoy ahora, y que aunque pudo haber sido antes, también pudo no haber ocurrido; sé que las contadas virtudes que poseo son las que me han ayudado a rodearme de personas extraordinarias, y que con nadie tengo problemas que no tengan arreglo. Me tomó muchos años entender que soy la suma de lo malo y lo bueno que he vivido; y que, sin ánimos de presumir, me mantengo en números positivos ―por poco margen… pero ahí ando.

“Todos los días miro los obituarios de los periódicos y me fijo sobre todo en la edad del muerto. La mayoría es más joven que yo. Me asusto y pienso: a lo mejor se han olvidado de mí”

Billy Wilder

________________________________________________________________

¿Te gustó esta publicación? Dale “manita arriba” o abajo según tu parecer. ¡Ah!, y no te vayas sin dejar tu comentario; pues tu opinión enriquece este blog y ayuda a Yayo el panda ―acaba de nacer un trabalenguas― a seguir mejorando.

Anuncios

Tengo una idea: te propongo un ”free”

16 Oct

ANÉCDOTA

Lo ves acercarse; mandaste pistas, insinuaste tus sentimientos, indirectas; y por fin ha dado resultado. Ves su rostro y sientes que tiemblan las piernas. ¿Qué le dirás? ¿Lo harás esperar? ¿Le dirás que te deje pensarlo? Tantas opciones, y todas apuntan a un final que te sabe irreal.

“Me gustas”, lo escuchas decir y te esfuerzas por no lanzarte a sus brazos y besarlo. “No, Epigenia, hazte la difícil”, te ordenas. “Quería… me preguntaba sí…”, tartamudea, y su gesto te parece adorable. Lo tomas de las manos y le pides que te mire a los ojos. “Tú también me gustas”, confiesas para ayudarlo a encontrar el valor que le hace falta.

“¿Quieres ser mi… mi… ―dice y no puedes evitar que una sonrisa delate tu emoción― Quieres que tengamos un free?” Respondes que sí de inmediato, aunque cuando la pregunta se repite en tu cabeza, entiendes que algo está mal. Lo miras confundida y él se defiende: “vengo de una relación muy complicada. No estoy listo para algo serio”.

REFLEXIÓN POSTERIOR

Las relaciones abiertas han existido desde hace mucho ―pregúntale a tu abuelo… cuando esté un poco borracho―, y es un fenómeno que es cada vez más “aceptado” y más común. Emitir un juicio entre si son correctas o no es entrar en un debate un tanto absurdo; puesto que, en la mayoría de los casos: quienes han o tienen una relación así, dirán que es una excelente opción, una manera de disfrutar y divertirte sin tanto problema ni compromiso; mientras que los que no han vivido esta experiencia, dirán que es lo peor que existe y tildarán a los que la practican como personas sin moral ni respeto por si mismas ―como esas parejas impuras que tienen sexo pre-marital, ¿cierto?―. Todas las opiniones son válidas; pero es imposible ignorar que los “free”, el tipo más frecuente de estas relaciones, proliferan peor que la gripe común o la influenza ―sólo que esto no nos deja sin clases… aunque puedes perder una o dos.

“Un ‘free’ es como tener un noviazgo, sin preocuparme por tener contento a nadie; es disfrutar las mejores partes sin sentirme atada o comprometida”

¿Qué es un ‘free’? Es una relación ―nah… ¿en serio?― entre dos o más personas ―¡ah! ¿en serio?― en la que no existe compromiso, fidelidad y, lo más importante, sentimientos. Una de sus características consiste en que desde un principio se fijan las reglas de la relación. Así, los involucrados pueden elegir días y lugares para sus encuentros y “episodios”, decir qué les gusta y qué no; pero, sobre todo, establecer los límites y… ehm… condiciones de uso.

“¿Un ‘free’? No gracias. Soltar sin compromiso… Jamás lo haré. Si quieren algo así conmigo, que lo demuestren y se lo ganen”

Como en todo, tener o ser un “free” tienes ventajas y desventajas. Veamos las primeras (cabe aclarar que, así como tu free debe hacerlo por ti, es tu obligación responder de la misma manera):

  • Diversión sin compromiso: sal ―o enciérrate― con tu free, que para eso están. Si tienes ganas de ir al cine y no ver la película, o de salir en la noche y aprovechar los rincones oscuros, adelante. Arregla la cita para divertirte un buen rato y luego no hablarse en una semana.
  • Control de temperatura: en temporada de frío ―o de excesivo calor… interno―, llama a tu peor-es-nada para que juntos se ayuden a olvidar todo lo que pasa fuera de la habitación.
  • Servicio de acompañante: si tienes planeado un viaje, evento o excursión, o sólo quieres saltarte un par de clases; pero no quieres ir sola(o), localiza a tu “terapia”, invítalo y disfruten de la oportunidad.
  • Función anti-estrés: si reprobaste un examen, te regañaron en el trabajo, o simplemente sientes ganas de gritar de tanta presión que hay sobre tus hombros. El olvido y la relajación están a una llamada de distancia.

“Un ‘free’ es un cuando dos personas deciden saltarse el drama y van directo al clímax… Literal”

Ahora hablemos de la parte difícil, de las desventajas de este tipo de relaciones:

  • No puedes enfadarte si no te llama en semanas, y cuando lo hace es sólo porque tiene “ganas”. Recuerda que fuera de esas “ganas”, no hay nada que los una.
  • No puedes armar escenas ni reclamarle si es que lo ves con alguien más, pues él(ella) no tiene por qué serte fiel ―ni tú a él(ella).
  • Cuando vaya contigo a una fiesta o evento familiar, no puedes presentarlo como tu novio(a); lo que sólo ocasionará que tus primos y amigos comiencen a hacer suposiciones ―que serán las correctas― y algunos piensen mal de ti.
  • Siempre corres el riesgo de enamorarte y no ser correspondido.

“¿Por qué le llaman ‘free’? No lo entiendo. Todas las que hacen eso… cobran, ¿no?”

¿Cómo hacer que sobreviva una relación así?

  • Lo primero que deben hacer es entender que ninguno de los dos quieren un compromiso, celos, ni darle explicaciones a nadie.
  • Deben ser maduros para hablar de las cosas. Si la idea de ser algo más aparece en tu cabeza, háblalo con tu pareja-de-ocasión. Quizás ha llegado el momento de decir adiós, o de formalizar.
  • Sigan las reglas que establecieron, y estén preparados para separarse cuando sea necesario ―y antes de que sea urgente.
  • No hagan planes a futuro, pues recuerden que nada los une y podrían llevarse una grave decepción.
  • Salgan con más personas, tengan otros “free”. Mantén varias opciones disponibles; esto hará más fácil el momento de la separación.
  • No accedas a una relación de este tipo con la esperanza de que el otro se enamore de ti.
  • NO INVOLUCRES SENTIMIENTOS.

“Yo creo que todos, hombres y mujeres, hemos pensado en tener un “free”. En serio. Sólo que, quizás no nos lo han propuesto de la manera indicada”

En apariencia es como si pusiéramos los sentimientos a un lado, como si jugáramos con nuestras emociones y lo único que importa es divertirse. Bueno o malo, es una situación ordinaria que ya no debería espantarnos. Aceptar o declinar una oferta de “free” es un pensamiento complejo y, como en todo, siempre es la primera vez la más difícil.

____________________________________________________________

Gracias por leer. Denle manita arriba o abajo según lo crean conveniente. Les recuerdo que e gustaría mucho saber qué opinan acerca de este tema.

Y, aquí a la derecha, está para que le den “Me gusta” en Facebook ―si es que les gusta este blog. De antemano, muchas gracias. ――>

Caminatas nocturnas (Midnight in Paris)

13 Oct

ANÉCDOTA

Llevas horas dando vueltas en la cama; sabes que tu insomnio es cada vez más severo y que ni una ducha caliente ni la leche tibia podrán remediarlo. Ves tu celular y piensas en llamar a tu exnovia, pensando que debido a su reciente ruptura ella debe estar devastada y tampoco puede dormir ―los insomnes y los borrachos tienen mucho en común―. Tono, tono, tono, una grabación te dice que puedes dejar un mensaje.  “Seguramente no lo escuchó”, te dices e intentas de nuevo.

Escuchas que ella grita para hacerse escuchar por encima de la música a todo volumen; te pide una y otra vez que la dejes en paz. Antes de que puedas decirle algo, del otro lado de lado de la línea un hombre te advierte que te alejes o te irá muy mal.

Ahora menos podrás dormir. Sabes que pasarás la noche tratando de imaginar qué hace y con quién ―todo con cruel detalle―. Sin saber por qué te levantas de la cama. Necesitas despejarte, dar una larga caminata nocturna…

RESEÑA

Del prolífico Woody Allen ―que parece que filma una película cada uno dos años―, Media noche en París (Midnight in Paris), se presentó en la apertura del Festival de Cannes del 2011; nos cuenta la historia de Gil Pender (Owen Wilson), un guionista de Hollywood que viaja a París de vacaciones con su prometida, Inez (Rachel McAdams), y los padres de ella. Si algo agradezco a una película ―al guionista, más bien― es que la introducción sea clara, sin ser por ello menos sustanciosa.

“―Te imaginas lo alucinante que es esta ciudad bajo la lluvia, en los años veinte; París en los veintes, bajo la lluvia, con esos pintores y escritores. […] Si tan sólo me hubiera quedado aquí para escribir novelas, y no me hubiera condenado a escribir guiones. […] Imagínate a los dos viviendo aquí. Podríamos hacerlo si mi libro funciona.

―Estás enamorado de una fantasía.”

Con esto ya podemos ver puntos importantes de la trama: Gil se arrepiente de lo que hizo con su vida y añora el pasado ―sé de algunos que sienten lo mismo―; y su prometida no cree en él como novelista ―conozco… la sensación―. A esto hay que sumarle la ansiedad y el nerviosismo de no agradarle a los padres ni a los amigos de ella, así como la inseguridad que siente del libro que está escribiendo ―no ha dejado que nadie lo lea―; todo esto da como resultado que el anti-héroe tenga una identidad justificada y bien definida.

Luego de una incómoda velada en compañía del mejor amigo de su prometida ―ah, conozco la… Ya. Sin comentarios―, Gil, un tanto ebrio, decide dar una caminata nocturna por la ciudad que ha sido cuna de grandes artistas, y se pierde ―si tomas, no manejes. Listo, cumplí con la parte social―. Al no encontrar nadie que hable inglés y le pueda ayudar, termina por sentarse en unas escaleras. Se escuchan las campanas que anuncian la medianoche, y un coche antiguo aparece en la vereda. Gil levanta la vista al notar que lo llaman y, tras unos momentos de duda, accede a irse con ellos ―sabes que puedes confiar en los franceses.

Confundido, llega a una fiesta en la que están tocando la música de Cole Porter, interpretada por Cole Porter ―reconozco que no tenía ni idea de quién fue este sujeto―. Y ahí se encuentra a los escritores Zelda y Scott Fitzgerald ―de ellos si sabía, ¡y mucho!. Hay un intercambio de comentarios ―que es muy distinto a una conversación―, y terminan por decidir que continuarán la fiesta en otro lugar. Esta escena me gusta mucho porque es una reafirmación del personaje cuando evita hablar de su novela.

Esa misma noche, Gil tiene la oportunidad de conocer a Ernest Hemingway, otro gran, gran escritor ―léanlo, ¡ahora!―. Gil termina por confesarle la inseguridad que siente por su novela; pero este último le ayuda a vencer sus miedos con la siguiente frase;

“Ningún tema es horrible si la historia es veraz, la prosa es limpia y honesta, y si demuestra valor y elegancia bajo presión.”

 Un poco más animado, Gil le pide que lea su obra y le dé su opinión. A lo que Hemigway responde:

“Si es mala, la odiaré porque odio la mala escritura; si es buena, sentiré envidia y la odiaré aún más. No pidas la opinión de otro escritor.”

Hemingway le dice que no la leerá; pero que le dará su novela a Gertrude Stein, la mecenas de las artes ―¿y eso tenía que sentirse como un premio de consolación?

Más adelante, Gil tiene la oportunidad de conocer a Pablo Picasso, quien está discutiendo con Stein acerca de su más reciente obra, inspirada en su amante, Adriana. Sin poder ocultarlo, Gil queda cautivado ante ella, al igual que lo están Hemingway, Belmonte y Picasso ―y yo…―. Stein acepta leer su novela y hacerle observaciones. Es de esta manera que Gil Pender se adentra en un mundo fantástico, al que sólo se puede llegar después de la medianoche; pero en donde convive con personajes como Salvador Dalí, Man Ray, Luis Buñuel, T. S. Elliot, Faulkner, Lautrec, Gauguin, Dugass, entre muchos otros ―gran cosa. Yo me encontré con Cepillín hace días y no ando de presumido.

“Pienso que el amor que es sincero y verdadero crea una tregua con la muerte. Toda cobardía viene de no amar o no amar bien, que es lo mismo. Y es cuando el hombre que es verdadero y valiente mira cara a cara a la muerte […], y ama con suficiente pasión como para apartarla de su pensamiento. Hasta que la regresa, como hace con todos los hombres; y es entonces hora de volver a hacer el amor. Piénsalo.”

En Medianoche en París, Woody Allen ―que escribe guiones como Stephen King escribe novelas: en la misma cantidad y con idéntica variación de calidad―, nos muestra el contraste del París moderno y del de los años 20 con una fluidez como no había visto en mucho tiempo. Cada elemento tiene razón de existir y encaja en el desarrollo de la trama ―si acaso me quejo del detective, pues creo que podría ser omitido.

“Yo pinto rinocerontes. Y lo pinto a usted. Sí; sus ojos tristes, y sus grandes labios derritiéndose sobre la arena caliente; con una lágrima. Sí. Y en esa lágrima, otro rostro. ¡El rostro de Cristo! Sí. Y un rinoceronte.”

Esta cinta entró de golpe a mi lista de películas favoritas; y, aunque he leído que no se considera dentro de los mejores trabajos del director, considero que es de lo mejor que ha estado en cartelera este año. Si bien es cierto que es una cinta que apunta a los artistas e intelectuales, se puede ignorar la identidad de los personajes y disfrutar de la comedia romántica que se esconde detrás del mensaje. O tal vez sea la parte cultural la que se disfraza. Supongo que esto depende de quien la vea.

Muy recomendable en todos los sentidos. Ahora, si me disculpan, iré a emborracharme para luego, cerca de la medianoche, salir a caminar, pues tengo que discutir algunas cosas con Cortázar, Benedetti, Neruda y Paz.

__________________________________________________

No te olvides de comentar, y darle manita arriba. Tu opinión ―la positiva al menos― importa.

Con un nudo en la manzana (Steve Jobs)

9 Oct

Muchas personas se mostraron afectadas por las noticia de que Steve Jobs perdió contra el cáncer. Reconozco que no estaba bien enterado de quién fue este señor ―ahora que lo confesé, temo por mi vida―; pero, debido a las frecuentes caras largas y a los nicks llenos de melancolía en varios amigos, decidí leer un poco sobre el fundador de Apple. Mi sorpresa fue que su vida fue muy interesante, y me pareció apropiado compartir un poco de lo que encontré.

El día 24 de febrero del 1955 nació Steven Paul Jobs, empresario estadounidense del área de la informática; padre del primer ordenador portátil; fue cofundador y presidente ejecutivo de Apple Inc; fue el mayor accionista individual de Walt Disney; y también fundó Pixar Animation Studios. Sus ideas visionarias causaron una revolución en el campo de la computación, la música digital y los teléfonos celulares ―así como también un agujero en los bolsillos de varios adictos a la tecnología.

“Muchas veces la gente no sabe lo quiere hasta que se lo enseñas”

A Jobs, desde la secundaria, le interesaban la electrónica y los “gadgets”, por lo que se unió a un club llamado Hewlett-Packard Explorer Club. Fue allí donde vio su preimera computadora y supo de inmediato que quería dedicarse a eso ―me consta, yo estaba sentado a un lado cuando pasó―. Y luego de una charla, impresiona a William Hewlett, presidente en ese entonces de la compañía Hewlett-Packard, HP, y es invitado a realizar prácticas y luego lo contratan como eventual; es aquí en donde conoce a Steve Wozniak ―no me impresiona, eso le puede pasar a cualquiera, sobre todo al primo de un amigo―. En 1974, Steve Jobs es contratado por Atari Inc, como diseñador de videojuegos, y participa en el desarrollo de Breakout ―juego en donde nuestros padres invirtieron horas de ocio.

“El diseño es el alma de todo lo creado por el hombre”

Steve Wozniak le revela que está intentando construir un computador casero, y Jobs lo convence  ―o lo hostiga― para que lo construyan. Pero, debido a los contratos, Wozniak avisa a HP, pero la compañía desecha la idea por considerarla ridícula ―¿cuántas veces he leído episodios así?―. Debido a esto, en 1976, con el dinero obtenido en la venta de su furgoneta Volkswagen, fundaron la empresa Apple Computer, con sede en el garaje de la familia Jobs. Steve Jobs eligió el nombre Apple como un recuerdo de los tiempos en que trabajaba en la recolección de su fruta favorita, la manzana ―¿en serio?

“Preocúpate por la calidad de tus productos, mucha gente no está preparada para la excelencia y la sorprenderás”

Pero no todo fue perfecto en el camino de Jobs, en 1983, Apple sufre una grave caída ante IBM, su mayor competidor, a causa de Lisa ―qué mal nombre para una computadora ―, una computadora diseñada para personas con poca experiencia en la informática ―que para ese tiempo era la mayoría―, pero que era muy cara y no tuvo buena recepción. En este momento, Jobs decide contratar a John Sculley, director de PepsiCo para tomar las riendas de su propia empresa ―no siempre fue un genio―. En 1985, en medio de una profunda reestructuración interna ―es decir despidos, muchos despidos―, Sculley relegó a Jobs y se convirtió en líder de la división de Macintosh. Tras varios meses, Steve Jobs abandonó la compañía que él mismo había fundado.

“Pensamos en la televisión para desconectar nuestro cerebro, y en el ordenador cuando queremos volver a encenderlo”

Tras dejar Apple, compró The Graphics Group, que después sería llamada Pixar, la división de animación de Lucas Film; y la empresa firma varios acuerdos para producir películas animadas para Walt Disney. En 1995 se estrenó Toy Story, el primer largometraje generado completamente por ordenador ―y que vi como veinte veces―. En 2006, Walt Disney anuncia la compra de todas las acciones de Pixar, convirtiendo a Jobs en el mayor accionista individual ―y dicen que la cabeza congelada de Disney gritó toda la noche.

“Estoy convencido de que la mitad de lo que separa a los emprendedores exitosos de los que no triunfan es la perseverancia”

La vuelta de Steve Jobs a la empresa Apple se produjo cuando la empresa se encontraba en franco declive ―que dice mi mamá que siempre sí―. Pronto hizo méritos para ganarse la confianza de la dirección, logrando que lo nombraran director interino el 16 de septiembre ―¡Viva México!― de 1997. Canceló muchos proyectos y estableció convenios con las compañías rivales, lo que no fue bien recibido en un principio; sin embargo, permitieron a la compañía centrar sus esfuerzos en mejorar sus productos y probar nuevas líneas de negocio, como fue la iTunes Store, iPod, etcétera, que… bueno, creo que les dieron un mejor resultado.

“Estoy tan orgulloso de lo que no hacemos como de lo que hacemos”

Steve Jobs falleció a los 56 años, el 5 de Octubre del 2011, a consecuencia del cáncer de páncreas ―”y si era tan listo, ¿por qué se murió?”―. La noticia fue dada a la luz en el sitio web oficial de Apple y desencadenó un reconocimiento unánime de la industria y la población en general.

“Ser el hombre más rico del cementerio… No me interesa. Lo que me importa es irme a la cama cada noche sabiendo que hice algo maravilloso”

Es curioso como algunos de los más grandes genios tienen episodios escabrosos; por ejemplo, se dice que Steve Jobs abandonó los estudios universitarios a causa de las drogas y su interés por la filosofía y la cultura ―vale, algunos dicen que en realidad fue por el alto coste económico; pero eso no es tan interesante―, y partió rumbo a la India en búsqueda de la iluminación espiritual. O también se decía que Sculley lo acusaba de ser un “tirano carismático” y una persona de difícil trato.

Sea como fuere, no cabe duda que la muerte de Jobs es un duro golpe en nuestra sociedad. Steve ―como le decíamos sus amigos―, fue, sin duda alguna, uno de los más grandes genios de nuestra época. Esta breve reseña biográfica es a manera de tributo. Honor a quien honor merece, aunque como buen tributo, llegó tarde ―sólo espero que “misteriosamente” desaparezca la factura de las 300 canciones que descargué el último mes.

_________________________________________________________________
Recuerda que tu opinión importa. Te invito a dejar tu comentario y a darle manita arriba ―abajo no, porque haces enojar a Jobs.

Ni en el día más brillante, ni en la noche más oscura (Green Lantern)

6 Oct

ANÉCDOTA

Un día más que el amanecer te encuentra en el sofá, sentado, mirando infomerciales en la televisión. En tu mano descansa el teléfono, y sonríes con la esperanza de que el nuevo producto que compraste cambie tu vida. “¿No estás cansado de ser un perdedor?”, dijo el presentador. “¡Sí!”, gritaste tan fuerte que tu vecina golpeó la pared para hacerte callar. “¿Quiere verse como yo?”, preguntó el sujeto; y tú asentiste, imaginándote en un crucero por las Bahamas, rodeado de muchachas hermosas y con la fortuna de Monte-Cristo en una cuenta de un banco suizo.

“Sólo debe comprar esto, y le aseguro que sus poderosos magnetos atraerán la riqueza, fama y todo eso que la vida le ha negado”. Apenas escuchaste eso, marcaste el número en el teléfono y ordenaste el Anillo de los Nibelungos, una pieza que fue hecha en lo alto de las montañas del Nilo, fue bendecida por doce Papas y Tutankamon fue enterrado con uno idéntico. Con esas referencias, sabes que no puede ser un fraude. Tu vida está a punto de cambiar.

RESEÑA

Antes de comenzar, una aclaración: la reseña es sobre la película; por lo que no haré ninguna comparación con el cómic ―aparte de que no sé gran cosa―, ni con las diferentes series animadas.

En los primeros dos o tres minutos se cuenta acerca del cómo nacieron, fueron elegidos, crecieron ―¿y se reprodujeron?― los 3600 Linternas Verdes ―¿creíste que el de nuestro sector era único?―, y nos dicen que su poder se basa en la voluntad. Asimismo, nos revelan la existencia de Parallax, una entidad que utiliza el miedo como fuente de energía.

Pero no hay nada que temer, pues un legendario Linterna Verde encerró a esta criatura en un planeta perdido. Así que no hay nada que temer, ¿verdad? Bueno, la respuesta llega pronto: la primera escena de la película nos presenta a tres viajeros espaciales que se pierden y llegan… justo a ese planeta perdido. ―qué conveniente―; donde su miedo se convierte en “alimento” de una extraña criatura ―que parece una mezcla de los dementores de Harry Potter y Megamente―, y resulta ser… ―en serio, si algún día se convierten en súper héroes, maten a sus enemigos; ahórrense problemas.

“Tienen miedo… Bien”

Lo siguiente que vemos es al legendario Abin Sur en una nave espacial; contacta a otro Linterna y se entera de que otro planeta ha sido destruido y de que uno de sus compañeros está muerto. Pero no hay tiempo para llorar, su anillo parpadea, informándole de un peligro inminente ―prefiero el sentido arácnido―. Y Parallax ―que pareciera haber digi-evolucionado―, lo ataca… dentro de su propia nave. No sé si sea por la edad o el factor sorpresa; pero Abin Sur pierde miserablemente y se ve obligado a ir al planeta habitado más cercano.

Bien, a los diez minutos de la película, conocemos a Hal Jordan (Ryan Reynolds), a quien nos presentan como un irresponsable e inmaduro ―todo eso con sólo verlo despertar―. Corre a una prueba de combate aéreo y gana, de una manera poco convencional. En esta parte hay un “flashcbak” hacia su niñez, en donde ve morir a su padre. No reacciona a tiempo, paralizado por el miedo, y el avión se estrella… lo que provoca que lo despidan.

Mientras tanto, Abin Sur cayó en la Tierra ―¿en serio?―, y en Estados Unidos para ser más preciso ―nadie se lo hubiera esperado―; está muriendo, por lo que le dice al anillo que elija a alguien. Así, Hal Jordan se convierte en el primer humano en ser Linterna Verde. Felicidades, viste los primeros veinte minutos.

“En el día más brillante,

ni en la noche más oscura,

ningún mal escapará de mi vista.

A aquellos que adoran el poder del mal,

teman a mi poder:

la luz de Linterna Verde”

Resulta absurdo que a partir de este punto la película se torne lenta y predecible ―Sí, aún más―. La trama es muy simple y los personajes no terminan por definirse; incluso, en lo personal, creo que hubo un abuso en los efectos especiales. Por ejemplo, cuando Hal Jordan viaja a el Planeta Oa, hogar de los Guardianes, creadores del Cuerpo de Linternas Verdes, lejos de mostrar un mundo fantástico, da la impresión de que tomaron alguno de los fondos de pantalla que encontramos todos los días en internet.

Conocemos a Carol Ferris (Blake Lively), la eterna enamorada del protagonista ―y por lo tanto, la que estará en peligro al final―, y al Dr. Hector Hammond (Peter Sarsgaard), quien es amigo de Hal, y también está enamorado de la chica ―por lo que, naturalmente, será el malo de la película―. Todos dudan, incluso él mismo, de que Hal tenga lo que se necesita para ser un súper héroe ―no todos estamos preparados para esa responsabilidad―, lo que provoca que se niegue a usar sus poderes y rechace ser un Linterna Verde ―pero no regresa el anillo… Típico de los humanos.

Luego de escenas llenas de clichés ―aún para Disney―, peleas simples, conversaciones y efectos ―muchos, muchos efectos―. Viene la batalla final contra Parallax en la Tierra, que quiere destruir al nuevo portador del anillo que una vez lo venció ―en serio, si un día se convierten en súper villanos, si ya mataron a su némesis, maten a todos los que puedan; dejen los caprichos para después.

Ingenuo de mí, creí que salvarían la película con este enfrentamiento; que la Tierra se llenaría de Linternas Verdes y que destruirían Nueva York, Los Angeles o Washigton ―como cualquier película de destrucción que se precie de serlo―. Pero no. A esa criatura capaz de derrotar a los más poderosos del Cuerpo de Linternas, al que ha destruido planetas enteros, lo derrotan de una manera tonta y… que ya te esperabas desde la mitad de la película. Los malos se mueren, el protagonista se queda con la chica… Disney lo ha hecho de nuevo.

Ah, y para colmo, durante los créditos muestran a Siniestro ―el nombre ya dice mucho― que se quita el anillo verde de la voluntad y se pone uno amarillo del miedo. ¿Qué pasa? ¡Su traje cambia de color! Es idéntico, sólo que amarillo ―caray, en ese momento tuve la sensación de que había estado viendo una nueva cinta de los Power Rangers.

La película cumple con entretener; pero no vale para verla más de una vez y creo que no hace justicia a todos los fanáticos de Linterna Verde que esperaron casi tres años, desde que fue anunciada. Ojalá que corrijan el camino en la segunda parte, que está anunciada para el 2012. Por lo pronto, ya dijeron que no será dirigida por Martin Campbell.

__________________________________________________

Gracias por la visita. No olvides que tu opinión importa. Califica, dale “manita arriba” o abajo según sea tu criterio y deja tu comentario.

Lo que no sabías del transporte urbano

3 Oct

ANÉCDOTA

Por fin, luego de dos horas de ducha, peinado y vestido, estás listo para la cita de tus sueños. Juanita Cigüeña aceptó salir contigo después de seis meses de buen amigo. Sólo pensar en ella sientes que el mundo da vueltas, que tu boca se reseca y que las manos te sudan. Sin embargo tendrás que ir en autobús,

No es nada, sólo tienes que salir una hora antes y utilizar el triple de colonia para contrarrestar el aroma a humanidad que se impregnará a ti. Apenas subes al camión te encuentras con un paisaje de saturación y apatía. Avanzas hasta un espacio vacío y te sujetas del pasamanos.

“Qué guapo”, te dice una ancianita que va sentada. Agradeces y desvías la vista. “¿Vas a ver a tu novia?” continúa. Sonríes con nerviosismo. “¡Ah, ya veo! No te apures, uno de mis nietos pasó por algo muy paracido; él…”. Ya no la escuchas, te pones los audífonos con disimulo y llenas tus oídos de música. La viejita sigue hablando; por lo que debes asentir de vez en cuando para que crea que sigues en su conversación. “Carajo”, piensas, “y todo porque no pudiste conseguir el coche.

Descuida, sólo te restan cuarenta minutos de camino.

REFLEXIÓN POSTERIOR

He leído, escuchado ―y comentado― mucho acerca de las carencias del servicio de transporte público. Sin importar la ciudad, la larga, larga lista de quejas es muy parecida; sólo varía en algunos detalles que terminan por ser los que le dan cierta identidad  ―algo así como la leyenda de la Llorona―. El costo, el estado de las unidades, la actitud de los conductores, el costo, la inseguridad, la impuntualidad y el costo, son sólo algunos de los temas de los que las personas, y los blogs, se quejan con frecuencia.

Pues bien, este blog no comulga con esa clase de campañas en contra del servicio. Al contrario, evitaré hablar del deterioro de los vehículos, de la cuestionable capacidad para conducir de los choferes, y sobre todo, no se pondrá en mesa lo referente al excesivo e injustificable costo.

Luego de una exhaustiva investigación, en “El pensar de un panda” se ofrece una pequeña lista de servicios que pasamos por alto, así como ciertas habilidades que desarrollamos al ser usuarios diarios del transporte urbano.

Servicios

  1. Cura el insomnio. Los asientos de los camiones han sido bendecidos por Morfeo. Poco importa a qué te dediques, tu edad o tus problemas, basta con sentarte, y en un período de entre cinco y veinte minutos, caerás rendido en un profundo sueño ―puede variar según la temperatura y la hora del día―; es claro que esto tiene dos intenciones: la primera es ayudarnos a descansar; y la segunda, crear la sensación de que el trayecto no fue tan largo.
  2. Despertador. Los dirigentes de las compañías de transporte hicieron un convenio con el gobierno para ofrecer este servicio. Se trata de la ubicación estratégica de baches, topes, hoyos y banquetas ―¿apoco creías que estaban ahí por accidente?― para que, cuando el  camión pase sobre ellos, tú despiertes y mires alrededor. De esta manera, ayudan a que no pases de largo tu bajada.
  3. Gimnasio móvil. Este servicio sólo aplica cuando te ves en la necesidad de ir de pie. Los choferes han sido instruidos para convertir las calles de la ciudad en rutinas de ejercicio. Por ejemplo: deja que tus bíceps lleguen al límite cuando el autobús tome una curva a toda velocidad; siente la fuerza de tus muslos cada vez que el vehículo pasa por encima de un tope.
  4. Sauna/vapor. Olvídate de pagar en un club por un servicio que en los autobuses, a medio día, es algo gratuito y ecológico. Deja que la suma de calores corporales convierta un monótono viaje en una experiencia benéfica para tu salud. Este servicio depende de común acuerdo de los pasajeros para mantener las ventanas cerradas.
  5. Noticiero. ¿Saliste de casa sin escuchar a Lolita Ayala? ¿No pudiste ver a López Doriga? ¡No importa! Apaga tus audífonos y escucha: el camión es una fuente inagotable de noticias locales, nacionales e internacionales. Aquí, si sabes poner atención, podrás enterarte del acontecer diario de la sociedad. Entérate de resultados deportivos ―con crítica y mentadas incluidas―, chismes de la farándula, clima, notas rojas, etcétera. Sólo recuerda que debes ser discreto, pues muchas de las cosas que se hablan en el interior de los camiones son confidenciales.

Habilidades que desarrollas

  1. Leer los labios. Debido a la cantidad de voces, música y al tráfico, conversar en los camiones se ha vuelto más y más difícil. Sin embargo, esto no es algo negativo, pues ha desarrollado nuestra habilidad para leer los labios de los demás. Piénsalo un poco: cuando alguien te pide que lo dejes pasar o que timbres, ¿lo escuchas o adivinas lo que te dicen? Hay entrenamientos militares para esto, y tú lo aprendiste sin darte cuenta.
  2. Equilibrio superior. Desde que subes, el chofer pone a prueba tu equilibrio reanudando la marcha ―con la puerta aún abierta para mayor grado de dificultad―. Asimismo, las rutas han sido cuidadosamente planeadas para afinar tu estabilidad física. Ejemplo: moverte por en medio de un mar de personas mientras balanceas tu mochila, suéter, audífonos, bebida y comes algo de botana… No cualquiera puede hacerlo.
  3. Razonamiento matemático. Cada vez que pagas el camión, te ves en la necesidad de revisar tu cambio ―ustedes pongan el sinónimo que necesiten― sin detenerte, con el vehículo en movimiento y la respiración de alguien más en la nuca. Esto, inconscientemente mejora tu habilidad para contar. ¿No es cierto? Antes, tardabas cinco o seis segundos para contar las monedas, ahora… lo haces con sólo un vistazo.
  4. Técnicas de supervivencia. Como en todo, los malvivientes y sinvergüenzas ―como los llamaría mi abuela―, aprovechan cualquier aglomeración para hacer de las suyas. No puedes evitar el contacto en los camiones ―varias amigas acabaron por resignarse a uno o dos “rozones” diarios―. Pero eso sí, aprendes a sobrevivir a sus técnicas. Poner tu billetera en el bolsillo de enfrente, usar la mochila en el pecho o guardarte el celular en los calcetines, no es algo instintivo.
  5. Teatralidad. Mi favorito, lo reconozco. Ser usuario de urbanos te convierte irremediablemente en un actor ―tan bueno como para ser llamado a “La rosa de Guadalupe” o “Laura”. Aprendes a fingirte dormido para no ceder tu lugar o a cojear para que te dejen uno; a cargar a un niño de quince años para ahorrarse un pasaje. También están las que aseguran estar embarazadas. Los asientos lo son todo en un camión, y la gente hará lo que sea para conseguirlos.

Por eso, la próxima vez que suban a un camión, no piensen en lo negativo, sino en todo lo que le debes a este servicio. Dile “buenos días” ―o tardes, o noches… no lo tomen literal―, al conductor, porque podemos estar seguros que no ha sido fácil aguantarnos a lo largo de todos esos viajes… y los que faltan.

__________________________________________________

Te agradezco la visita y la lectura. Ahora, no te olvides de dejar tu comentario.

A %d blogueros les gusta esto: