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Lo extraordinario de Edgar Allan Poe

1 Sep

LA ANÉCDOTA

La lluvia no ha parado desde la mañana, y ni Facebook, ni twitter, la televisión, ni la radio pueden salvarte del aburrimiento. Estás solo y sin electricidad.

Sacas de tu bolsillo el celular y contemplas con molestia la pantalla apagada. Oprimes varias veces el botón de encendido. Nada ocurre. Sabes que te quedaste sin batería por haber escuchado música toda la mañana. Crecen las ansias por hacer algo. ¿Tarea? No, eso lo harás en la noche, ya cuando no tengas nada que hacer.  “Algo debe servir”, piensas y vas hacia el estéreo. Lo observas fijamente, y le ordenas que funcione, le ruegas, incluso le pegas a un costado, gritándole una y otra vez que es un pedazo de porquería.

Como último recurso, buscas tu guitarra, esperando que aún recuerdes algo de las clases que tomaste a los cinco años, y comienzas a cantar. Estás solo, sin electricidad y de tu canto… ni hablamos.

Una vez que el maullido de los gatos del vecindario te convence de callar, algo llama tu atención: posado sobre la mesilla, justo debajo de la lámpara, está un libro con la cubierta gastada.

Te han hablado de ese pasatiempo; pero leer por gusto no es algo que entiendas. Abres el libro con cautela, casi con miedo. No estás seguro de lo que vas a encontrar; sin embargo, al ver el índice, una vocecita interior te dice que los títulos: “El cuervo”, “Eleonora”, “Corazón delator”, “La máscara de la muerte roja”, “La caída de la casa Usher”, no te son del todo desconocidos. En algún lugar los has escuchado.

Quizás no estás tan solo.

RESEÑA

“Detrás de Poe, hay una neurosis”

Son las palabras con las que Jorge Luis Borges (1899 – 1986) comienza un breve ensayo sobre Edgar Allan Poe (1809 – !849); a quién muchos críticos consideran como uno de los fundadores del cuento moderno, así como el creador de dos géneros literarios: el relato policíaco y el de terror.

Hablar de su trabajo es un tema de tesis, una investigación y análisis que requeriría de años y años de estudio, por lo que me limitaré a dar mi humilde opinión ―como lector― acerca de dos de sus principales obras.

El Cuervo

Ésta es, sin duda alguna, la obra más famosa del autor ―¡y con razón!―. Narra la visita de un cuervo parlante a la habitación de un joven anónimo que sufre por la muerte de su amada, y del cómo éste último va perdiendo la cordura a medida que la conversación avanza. Todo, situado en una atmósfera oscura y sobrenatural.

A lo largo de la obra podemos percibir la dicotomía que sufre el personaje: por un lado, desea mantener viva en su memoria la imagen de Leonora; al mismo tiempo que trata de sobreponerse a su pérdida. Una situación libre de etiquetas temporales: siempre habrá lágrimas ante la pérdida de un ser amado. En cierta medida, este es uno de los factores por los que “El cuervo” se considera uno de los poemas más importantes de todos los tiempos.

““¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.'”

El protagonista, no cesa de hacerle preguntas y peticiones, a pesar de que conoce la respuesta que obtendrá ―tiene algo de masoquista el individuo―. Y son estos cuestionamientos los que lo transforman; comienza en un estado de cansancio, casi apatía, pasando por la nostalgia, el arrepentimiento; para al final dejarse vencer por la histeria y la locura. La narración es en un lenguaje moderado ―por lo que la mayoría puede entenderlo―, fluido y con una musicalidad muy agradable, tanto al leer, como al escuchar ―bueno, esto último depende un poco de la traducción que consigan. Les recomiendo ver la traducción de Los Simpsons.

Eleonora (Lenore)

La muerte es un tema común en la obra de Poe; sobretodo la muerte de una mujer bella, pues varias veces dijo que ése era el tema más poético que existía. Asimismo, el personaje de Lenore (Eleonora, Leonora, Lenora) aparece en poemas y cuentos. Por lo que algunos estudiosos afirman que esta mención romántica tiene destellos autobiográficos.

La historia es sencilla ―no me acusen de promover cosas simples; ustedes leen a Coelho―: dos jóvenes, que crecieron juntos en un valle lleno de flores y vida, apartado del mundo, de repente se dan cuenta de que están enamorados. El problema, ella estaba enferma y condenada a morir.

“… había sido creada perfecta en su hermosura, sólo para morir”

La preocupación de la joven consiste en que él se vaya del valle luego de su muerte. Él jura que ella será a la única que amará durante toda su vida ―sí, desde entonces existe esa promesa―. Luego de que Leonora fallece, el valle comienza a perder su hermosura, por lo que el muchacho decide partir rumbo a otra ciudad y… se enamora de otra mujer ―sí, desde entonces la promesa termina igual―. Lenora visita a su adorado y le dice que bendice su nueva relación, que está libre por motivos que conocerá cuando muera ―¡chan-chan,chán!

El poema del mismo nombre, trata sobre el comportamiento que tiene un joven durante el día anterior a la muerte de una joven mujer ―les dije que era un tema recurrente―; no le llora, pues habla sobre la posibilidad de reencontrarse en el Paraíso. Esta obra no es tan conocida como el cuento; sin embargo, existe una mini-serie de caricaturas basadas en este personaje ―muy buena, por cierto. La recomiendo ampliamente―, al que el protagonista denomina:

“”La reina muerta que murió tan joven”

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