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¿Has escuchado “El ruido de las cosas al caer”?

6 Mar

ANÉCDOTA

“He llegado ese momento de mi vida en la que me siento más cerca de los cuarenta que de los quince años. Esa inevitable etapa de la existencia cuando evito mirar los aparadores, no porque nada me llame la atención, sino porque temo al reflejo que inevitablemente se asoma ―y que a veces hasta se burla de mí―. «Lo lamento, viejo amigo», parece decirme, «pero detrás quedaron las fiestas de cada fin de semana, las apuestas de quién puede emborracharse más y el reto de ir con resaca un lunes a la escuela sin que nadie se dé cuenta». Tiene razón. Ahora ―si bien me va―, visito el bar para pedir el baño o el teléfono, y el reto de cada lunes es llegar quince minutos tarde sin que mi jefe se entere. Soy una vergüenza.

Cierro la puerta de coche y, mientras acomodo el retrovisor para no verme la calva ―sin albur, gente―, me pregunto en dónde quedó la emoción que te daba tomar el volante, a dónde se fue la sensación de invencibilidad que me causaba tener relaciones con Xenaida ―o cualquier otra muchacha que estuviese suficientemente borracha, o que hubiera perdido una apuesta―, y a dónde carajos se fugó ese Yo-interno que tan bien me hacía, que me impulsaba a vivir al máximo”.

«Caray… y eso que no has cumplido siquiera la mitad de tu esperanza ―¿condena?― de vida… », comentas al dar vuelta a la página y decides que mejor leerás otra novela.

Bien, déjame sugerirte una.

RESEÑA

El ruido de las cosas al caer” es una novela escrita en primera persona ―el narrador es el protagonista, pa’que me entiendan―, del escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez; ganadora del “Premio Alfaguara 2011” ―lo cual nos asegura una buena lectura.

“Nadie sabe por qué es necesario recordar nada, qué beneficios nos trae o qué posibles castigos, ni de qué manera puede cambiar lo vivido cuando lo recordamos”

La historia comienza cuando dicen en las noticias que un hipopótamo escapó de un zoológico muy especial, un zoológico que era lo último que quedaba de la casa abandonada de un antiguo jefe narcotraficante de Colombia; esta escena funciona como gatillo en la memoria de Antonio Yammara, el protagonista ―sí, bueno, no es una imagen que se vea a diario… alguna reacción debía provocar―, quien, a partir de este momento, nos invita a acompañarlo en su lucha contra su pasado, mientras relata un fragmento de su propia vida y decadencia ―¿Acaso no suena tentador?

“Esta historia, como se advierte en los cuentos infantiles, ya ha sucedido antes y volverá a suceder”

Desde su primer encuentro con Ricardo Laverde ―el apellido ya nos da una idea…―, el narrador se da cuenta de que su nuevo amigo tiene un secreto, o más ―¿quién tiene sólo un secreto?―. Y, como era de esperarse ―en una persona sin vida propia―, se interesa por la misteriosa existencia de Laverde. Esta curiosidad se incrementa cada vez que se encuentran en el billar, y se transforma en una obsesión el día en que asesinan a Laverde ―y de paso lo balean a él.

“Las cicatrices son elocuentes”

Convencido de que resolver el misterio que se esconde en la muerte de Laverde le hará ver qué debe hacer con su propia vida ―es lógico, ¿no? La mejor manera de entenderse a uno mismo, es meterte en los asuntos de los demás. Jajajajajá―, Yammara comienza una investigación que lo lleva hasta los años setenta, cuando una generación de “idealistas”  iniciaron un negocio que acabaría por llevar a Colombia, México… a toda América Latina ―sino es que al mundo―a las fauces del lobo ―les dije que el nombre ya daba una idea.

“Su cara era como una fiesta de la cual ya se han ido todos”

A pesar de que no soy fanático de las novelas que tratan asuntos como el narcotráfico, la violencia de género, episodios absurdos de sexualidad, y esos temas que inundan los noticieros―y cada vez es más difícil encontrar textos libres de esa influencia―, El ruido de las cosas al caer me dejó un buen sabor de boca ― además de los ojos rojos y la sensación de que puedo volar…―; pues, si bien toca esos asuntos, lo hace de una manera elegante y se limita a lo necesario. No subestima al lector y lo deja que saque sus propias conclusiones sin que la historia pierda fuerza.

“No hay manía más funesta, ni capricho más peligroso, que la especulación o la conjetura sobre los caminos que no tomamos”

Al terminar de leerlo me enteré de que esta es la quinta novela de este autor, así que aún tengo mucho que leer ―y aprender― de él. Lo recomiendo ampliamente.

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Siempre el mismo día (One day)

6 Dic

ANÉCDOTA

Te observas en el espejo y suspiras. ¿Qué tienes para ofrecerle?, ¿qué puedes darle tú que nadie más en el mundo?, te preguntas y los dos, el reflejo y tú, guardan silencio. Es tu amiga desde la infancia, casi aprendieron a caminar juntos y desde entonces han sido inseparables… bueno… casi inseparables, ya que ella se desaparece ―y tú tienes la cortesía de no buscarla― cada vez que tiene novio. Conoces su vida con detalle, y sientes que eres el único que podría hacerla tan feliz como ella merece; pero la oportunidad de ocupar ese sitio se te niega desde siempre.

Ahí va ella, con el bueno de Indalecio ―su novio en turno―, te saluda desde lejos y te manda un beso; el tipo sólo te mira con desprecio ―es casi mandamiento que el novio odie al mejor amigo de su novia―. Los rumores dicen que están a punto de cortar… de nuevo… y estás decidido a aprovechar ese momento para confesar todo lo que has callado desde que la pubertad te hizo quererla en lugar de jalarle el cabello.

Antes de que te arrojes cual kamikaze a aquel campo minado ―temed a la “friend-zone” más que a la indiferencia―, te recomiendo que la invites al cine a ver está película; pues estoy seguro que te ayudará.

RESEÑA

Muy bien, no sé cómo empezar a comentar una película que, en teoría, aún no está en las salas de cine. Sin embargo, no es mi culpa que “Siempre el mismo día”, (One day), basada en la novela homónima de David Nicholls, ronde ya por los mares de la red; ni que alguien a quien aprecio mucho me la haya recomendado ―según ella, porque la protagonista es una escritora ¬¬.

“Está bien debatir; pero cualquiera puede hablar. A veces se necesitan acciones para cambiar el mundo”

“Siempre el mismo día“, nos cuenta la historia de dos personas casi opuestas. Por un lado, tenemos a Emma Morley (Anne Hathaway), una muchacha introvertida, idealista y de origen humilde; y por el otro, a Dexter Meyhem (Jim Sturgess), un hijo de familia acomodada, fiestero y muy, muy relajado. Una situación simple los reúne, y terminan en el departamento de ella. Aunque de entrada parece que se trata de la típica telenovela mexicana, la trama da un giro sutil, pero contundente, y ellos comienzan… una relación de amistad; misma que veremos cómo se desarrolla, entrelaza, divide, reinicia, sacude, crece y se tambalea―como casi cualquier amistad―, a lo largo de 20 años. Mas, la historia se enfoca en lo que sucede con ellos justo durante los aniversarios de ese 15 de julio, el día que se conocieron.

A la siguiente escena, ha pasado un año y vemos que siguen siendo amigos ―de esos amigos que hablan y lo saben todo uno del otro―. La vida, sus sueños los llevan a diferentes senderos y muy pronto se dan cuenta de que nada es tan fácil como aparenta: ella termina trabajando en un restaurante de comida mexicana y él es un productor de televisión en entrenamiento. La aparente simpleza del argumento hace que la película te mantenga entretenido, así como el ver reflejadas ciertas actitudes y destellos en el modo en que se tratan el uno al otro; algo que todos tenemos para con alguien ―y que con frecuencia jugamos a negar.

“Me encantaría ir; pero, después del trabajo me gusta ir directo a casa, comer… llorar”

A lo largo de la película vemos, en los 15 de julio, cómo va evolucionando su relación, cómo se siguen buscando en sus momentos de alegría y de tristeza; pero, sobre todo, vemos cómo no pueden evitar decirse con la mirada cosas que no se atreven a expresar con palabras; además de que sus amigos y familiares se burlan y presionan con “para cuándo” o  “¿por fin son pareja? ―¿está situación no te resulta conocida?. Incluso llega a un punto en que, con alcohol fungiendo de celestino, se confiesan que años atrás, durante la universidad, se gustaban mutuamente; sin embargo, la situación se viene abajo debido a la misma inseguridad de los dos, al hecho de que, a pesar de tener edades similares, sus vidas han sido muy diferentes y no buscan lo mismo en ese momento.

“―Todos están perdidos a los veinticinco años.

―Tú no; productor de TV en entrenamiento, nuevo departamento, reproductor de CD, sexo grupal martes y viernes…

―Sí, pero, tú sabes… estoy llorando por dentro”

Crecemos junto a los personajes en el sentido de que se nos explican los pensamientos ―y otros miedos― de cada uno. Los vemos atravesar etapas difíciles que los hacen madurar, cambiar, que provocan que sus sentimientos vacilen y sólo traten de encontrar a quién echarle la culpa y con quien “consolarse”. Algo que, en palabras de una amiga ―sí, te voy a quemar― sólo puede explicarse como “el típico momento de estupidez que siempre viene luego de no ser correspondidos, en dónde te aferras a lo primero que se pone enfrente“. Yo le dije que eso era más bien despecho, ella insistió que se trata de estupidez post-amor… El punto es que ―volviendo a la película― da la sensación de que la idea de quedarse solos o de no estar seguro de lo que quieren los lleva a tomar decisiones que ponen su relación en peligro.

“Si pudiera darte un regalo, uno sólo y para el resto de tu vida, sería confianza en ti misma… Eso, o una vela aromática”

No voy a decir nada sobre el final, o sobre el mensaje que deja; porque entonces, además de haberla visto antes de lo debido y en donde no debí, haría “spoiler” y eso es demasiada carga para mi consciencia ―sí, ¡ahora tengo consciencia!.

En resumen: no diré que la película se convertirá en un éxito taquillero ni que es de lo mejor en el 2011 ―aunque sí está por encima de la media―. Pero, la historia vale la pena ―apenas estoy leyendo el libro― y cumple con su objetivo de mantenerte despierto y atento. De igual manera, y como en casi cualquier comedia romántica, está abarrotada de drama y de situaciones predecibles, que, sin embargo, al final no le restan calidad. La recomiendo, vayan a verla… al cine ―¡Di no a la piratería! Y así cumplí mi servicio mensual a la comunidad y ya no me siento culpable.

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Caminatas nocturnas (Midnight in Paris)

13 Oct

ANÉCDOTA

Llevas horas dando vueltas en la cama; sabes que tu insomnio es cada vez más severo y que ni una ducha caliente ni la leche tibia podrán remediarlo. Ves tu celular y piensas en llamar a tu exnovia, pensando que debido a su reciente ruptura ella debe estar devastada y tampoco puede dormir ―los insomnes y los borrachos tienen mucho en común―. Tono, tono, tono, una grabación te dice que puedes dejar un mensaje.  “Seguramente no lo escuchó”, te dices e intentas de nuevo.

Escuchas que ella grita para hacerse escuchar por encima de la música a todo volumen; te pide una y otra vez que la dejes en paz. Antes de que puedas decirle algo, del otro lado de lado de la línea un hombre te advierte que te alejes o te irá muy mal.

Ahora menos podrás dormir. Sabes que pasarás la noche tratando de imaginar qué hace y con quién ―todo con cruel detalle―. Sin saber por qué te levantas de la cama. Necesitas despejarte, dar una larga caminata nocturna…

RESEÑA

Del prolífico Woody Allen ―que parece que filma una película cada uno dos años―, Media noche en París (Midnight in Paris), se presentó en la apertura del Festival de Cannes del 2011; nos cuenta la historia de Gil Pender (Owen Wilson), un guionista de Hollywood que viaja a París de vacaciones con su prometida, Inez (Rachel McAdams), y los padres de ella. Si algo agradezco a una película ―al guionista, más bien― es que la introducción sea clara, sin ser por ello menos sustanciosa.

“―Te imaginas lo alucinante que es esta ciudad bajo la lluvia, en los años veinte; París en los veintes, bajo la lluvia, con esos pintores y escritores. […] Si tan sólo me hubiera quedado aquí para escribir novelas, y no me hubiera condenado a escribir guiones. […] Imagínate a los dos viviendo aquí. Podríamos hacerlo si mi libro funciona.

―Estás enamorado de una fantasía.”

Con esto ya podemos ver puntos importantes de la trama: Gil se arrepiente de lo que hizo con su vida y añora el pasado ―sé de algunos que sienten lo mismo―; y su prometida no cree en él como novelista ―conozco… la sensación―. A esto hay que sumarle la ansiedad y el nerviosismo de no agradarle a los padres ni a los amigos de ella, así como la inseguridad que siente del libro que está escribiendo ―no ha dejado que nadie lo lea―; todo esto da como resultado que el anti-héroe tenga una identidad justificada y bien definida.

Luego de una incómoda velada en compañía del mejor amigo de su prometida ―ah, conozco la… Ya. Sin comentarios―, Gil, un tanto ebrio, decide dar una caminata nocturna por la ciudad que ha sido cuna de grandes artistas, y se pierde ―si tomas, no manejes. Listo, cumplí con la parte social―. Al no encontrar nadie que hable inglés y le pueda ayudar, termina por sentarse en unas escaleras. Se escuchan las campanas que anuncian la medianoche, y un coche antiguo aparece en la vereda. Gil levanta la vista al notar que lo llaman y, tras unos momentos de duda, accede a irse con ellos ―sabes que puedes confiar en los franceses.

Confundido, llega a una fiesta en la que están tocando la música de Cole Porter, interpretada por Cole Porter ―reconozco que no tenía ni idea de quién fue este sujeto―. Y ahí se encuentra a los escritores Zelda y Scott Fitzgerald ―de ellos si sabía, ¡y mucho!. Hay un intercambio de comentarios ―que es muy distinto a una conversación―, y terminan por decidir que continuarán la fiesta en otro lugar. Esta escena me gusta mucho porque es una reafirmación del personaje cuando evita hablar de su novela.

Esa misma noche, Gil tiene la oportunidad de conocer a Ernest Hemingway, otro gran, gran escritor ―léanlo, ¡ahora!―. Gil termina por confesarle la inseguridad que siente por su novela; pero este último le ayuda a vencer sus miedos con la siguiente frase;

“Ningún tema es horrible si la historia es veraz, la prosa es limpia y honesta, y si demuestra valor y elegancia bajo presión.”

 Un poco más animado, Gil le pide que lea su obra y le dé su opinión. A lo que Hemigway responde:

“Si es mala, la odiaré porque odio la mala escritura; si es buena, sentiré envidia y la odiaré aún más. No pidas la opinión de otro escritor.”

Hemingway le dice que no la leerá; pero que le dará su novela a Gertrude Stein, la mecenas de las artes ―¿y eso tenía que sentirse como un premio de consolación?

Más adelante, Gil tiene la oportunidad de conocer a Pablo Picasso, quien está discutiendo con Stein acerca de su más reciente obra, inspirada en su amante, Adriana. Sin poder ocultarlo, Gil queda cautivado ante ella, al igual que lo están Hemingway, Belmonte y Picasso ―y yo…―. Stein acepta leer su novela y hacerle observaciones. Es de esta manera que Gil Pender se adentra en un mundo fantástico, al que sólo se puede llegar después de la medianoche; pero en donde convive con personajes como Salvador Dalí, Man Ray, Luis Buñuel, T. S. Elliot, Faulkner, Lautrec, Gauguin, Dugass, entre muchos otros ―gran cosa. Yo me encontré con Cepillín hace días y no ando de presumido.

“Pienso que el amor que es sincero y verdadero crea una tregua con la muerte. Toda cobardía viene de no amar o no amar bien, que es lo mismo. Y es cuando el hombre que es verdadero y valiente mira cara a cara a la muerte […], y ama con suficiente pasión como para apartarla de su pensamiento. Hasta que la regresa, como hace con todos los hombres; y es entonces hora de volver a hacer el amor. Piénsalo.”

En Medianoche en París, Woody Allen ―que escribe guiones como Stephen King escribe novelas: en la misma cantidad y con idéntica variación de calidad―, nos muestra el contraste del París moderno y del de los años 20 con una fluidez como no había visto en mucho tiempo. Cada elemento tiene razón de existir y encaja en el desarrollo de la trama ―si acaso me quejo del detective, pues creo que podría ser omitido.

“Yo pinto rinocerontes. Y lo pinto a usted. Sí; sus ojos tristes, y sus grandes labios derritiéndose sobre la arena caliente; con una lágrima. Sí. Y en esa lágrima, otro rostro. ¡El rostro de Cristo! Sí. Y un rinoceronte.”

Esta cinta entró de golpe a mi lista de películas favoritas; y, aunque he leído que no se considera dentro de los mejores trabajos del director, considero que es de lo mejor que ha estado en cartelera este año. Si bien es cierto que es una cinta que apunta a los artistas e intelectuales, se puede ignorar la identidad de los personajes y disfrutar de la comedia romántica que se esconde detrás del mensaje. O tal vez sea la parte cultural la que se disfraza. Supongo que esto depende de quien la vea.

Muy recomendable en todos los sentidos. Ahora, si me disculpan, iré a emborracharme para luego, cerca de la medianoche, salir a caminar, pues tengo que discutir algunas cosas con Cortázar, Benedetti, Neruda y Paz.

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No te olvides de comentar, y darle manita arriba. Tu opinión ―la positiva al menos― importa.

Con un nudo en la manzana (Steve Jobs)

9 Oct

Muchas personas se mostraron afectadas por las noticia de que Steve Jobs perdió contra el cáncer. Reconozco que no estaba bien enterado de quién fue este señor ―ahora que lo confesé, temo por mi vida―; pero, debido a las frecuentes caras largas y a los nicks llenos de melancolía en varios amigos, decidí leer un poco sobre el fundador de Apple. Mi sorpresa fue que su vida fue muy interesante, y me pareció apropiado compartir un poco de lo que encontré.

El día 24 de febrero del 1955 nació Steven Paul Jobs, empresario estadounidense del área de la informática; padre del primer ordenador portátil; fue cofundador y presidente ejecutivo de Apple Inc; fue el mayor accionista individual de Walt Disney; y también fundó Pixar Animation Studios. Sus ideas visionarias causaron una revolución en el campo de la computación, la música digital y los teléfonos celulares ―así como también un agujero en los bolsillos de varios adictos a la tecnología.

“Muchas veces la gente no sabe lo quiere hasta que se lo enseñas”

A Jobs, desde la secundaria, le interesaban la electrónica y los “gadgets”, por lo que se unió a un club llamado Hewlett-Packard Explorer Club. Fue allí donde vio su preimera computadora y supo de inmediato que quería dedicarse a eso ―me consta, yo estaba sentado a un lado cuando pasó―. Y luego de una charla, impresiona a William Hewlett, presidente en ese entonces de la compañía Hewlett-Packard, HP, y es invitado a realizar prácticas y luego lo contratan como eventual; es aquí en donde conoce a Steve Wozniak ―no me impresiona, eso le puede pasar a cualquiera, sobre todo al primo de un amigo―. En 1974, Steve Jobs es contratado por Atari Inc, como diseñador de videojuegos, y participa en el desarrollo de Breakout ―juego en donde nuestros padres invirtieron horas de ocio.

“El diseño es el alma de todo lo creado por el hombre”

Steve Wozniak le revela que está intentando construir un computador casero, y Jobs lo convence  ―o lo hostiga― para que lo construyan. Pero, debido a los contratos, Wozniak avisa a HP, pero la compañía desecha la idea por considerarla ridícula ―¿cuántas veces he leído episodios así?―. Debido a esto, en 1976, con el dinero obtenido en la venta de su furgoneta Volkswagen, fundaron la empresa Apple Computer, con sede en el garaje de la familia Jobs. Steve Jobs eligió el nombre Apple como un recuerdo de los tiempos en que trabajaba en la recolección de su fruta favorita, la manzana ―¿en serio?

“Preocúpate por la calidad de tus productos, mucha gente no está preparada para la excelencia y la sorprenderás”

Pero no todo fue perfecto en el camino de Jobs, en 1983, Apple sufre una grave caída ante IBM, su mayor competidor, a causa de Lisa ―qué mal nombre para una computadora ―, una computadora diseñada para personas con poca experiencia en la informática ―que para ese tiempo era la mayoría―, pero que era muy cara y no tuvo buena recepción. En este momento, Jobs decide contratar a John Sculley, director de PepsiCo para tomar las riendas de su propia empresa ―no siempre fue un genio―. En 1985, en medio de una profunda reestructuración interna ―es decir despidos, muchos despidos―, Sculley relegó a Jobs y se convirtió en líder de la división de Macintosh. Tras varios meses, Steve Jobs abandonó la compañía que él mismo había fundado.

“Pensamos en la televisión para desconectar nuestro cerebro, y en el ordenador cuando queremos volver a encenderlo”

Tras dejar Apple, compró The Graphics Group, que después sería llamada Pixar, la división de animación de Lucas Film; y la empresa firma varios acuerdos para producir películas animadas para Walt Disney. En 1995 se estrenó Toy Story, el primer largometraje generado completamente por ordenador ―y que vi como veinte veces―. En 2006, Walt Disney anuncia la compra de todas las acciones de Pixar, convirtiendo a Jobs en el mayor accionista individual ―y dicen que la cabeza congelada de Disney gritó toda la noche.

“Estoy convencido de que la mitad de lo que separa a los emprendedores exitosos de los que no triunfan es la perseverancia”

La vuelta de Steve Jobs a la empresa Apple se produjo cuando la empresa se encontraba en franco declive ―que dice mi mamá que siempre sí―. Pronto hizo méritos para ganarse la confianza de la dirección, logrando que lo nombraran director interino el 16 de septiembre ―¡Viva México!― de 1997. Canceló muchos proyectos y estableció convenios con las compañías rivales, lo que no fue bien recibido en un principio; sin embargo, permitieron a la compañía centrar sus esfuerzos en mejorar sus productos y probar nuevas líneas de negocio, como fue la iTunes Store, iPod, etcétera, que… bueno, creo que les dieron un mejor resultado.

“Estoy tan orgulloso de lo que no hacemos como de lo que hacemos”

Steve Jobs falleció a los 56 años, el 5 de Octubre del 2011, a consecuencia del cáncer de páncreas ―”y si era tan listo, ¿por qué se murió?”―. La noticia fue dada a la luz en el sitio web oficial de Apple y desencadenó un reconocimiento unánime de la industria y la población en general.

“Ser el hombre más rico del cementerio… No me interesa. Lo que me importa es irme a la cama cada noche sabiendo que hice algo maravilloso”

Es curioso como algunos de los más grandes genios tienen episodios escabrosos; por ejemplo, se dice que Steve Jobs abandonó los estudios universitarios a causa de las drogas y su interés por la filosofía y la cultura ―vale, algunos dicen que en realidad fue por el alto coste económico; pero eso no es tan interesante―, y partió rumbo a la India en búsqueda de la iluminación espiritual. O también se decía que Sculley lo acusaba de ser un “tirano carismático” y una persona de difícil trato.

Sea como fuere, no cabe duda que la muerte de Jobs es un duro golpe en nuestra sociedad. Steve ―como le decíamos sus amigos―, fue, sin duda alguna, uno de los más grandes genios de nuestra época. Esta breve reseña biográfica es a manera de tributo. Honor a quien honor merece, aunque como buen tributo, llegó tarde ―sólo espero que “misteriosamente” desaparezca la factura de las 300 canciones que descargué el último mes.

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Recuerda que tu opinión importa. Te invito a dejar tu comentario y a darle manita arriba ―abajo no, porque haces enojar a Jobs.

Ni en el día más brillante, ni en la noche más oscura (Green Lantern)

6 Oct

ANÉCDOTA

Un día más que el amanecer te encuentra en el sofá, sentado, mirando infomerciales en la televisión. En tu mano descansa el teléfono, y sonríes con la esperanza de que el nuevo producto que compraste cambie tu vida. “¿No estás cansado de ser un perdedor?”, dijo el presentador. “¡Sí!”, gritaste tan fuerte que tu vecina golpeó la pared para hacerte callar. “¿Quiere verse como yo?”, preguntó el sujeto; y tú asentiste, imaginándote en un crucero por las Bahamas, rodeado de muchachas hermosas y con la fortuna de Monte-Cristo en una cuenta de un banco suizo.

“Sólo debe comprar esto, y le aseguro que sus poderosos magnetos atraerán la riqueza, fama y todo eso que la vida le ha negado”. Apenas escuchaste eso, marcaste el número en el teléfono y ordenaste el Anillo de los Nibelungos, una pieza que fue hecha en lo alto de las montañas del Nilo, fue bendecida por doce Papas y Tutankamon fue enterrado con uno idéntico. Con esas referencias, sabes que no puede ser un fraude. Tu vida está a punto de cambiar.

RESEÑA

Antes de comenzar, una aclaración: la reseña es sobre la película; por lo que no haré ninguna comparación con el cómic ―aparte de que no sé gran cosa―, ni con las diferentes series animadas.

En los primeros dos o tres minutos se cuenta acerca del cómo nacieron, fueron elegidos, crecieron ―¿y se reprodujeron?― los 3600 Linternas Verdes ―¿creíste que el de nuestro sector era único?―, y nos dicen que su poder se basa en la voluntad. Asimismo, nos revelan la existencia de Parallax, una entidad que utiliza el miedo como fuente de energía.

Pero no hay nada que temer, pues un legendario Linterna Verde encerró a esta criatura en un planeta perdido. Así que no hay nada que temer, ¿verdad? Bueno, la respuesta llega pronto: la primera escena de la película nos presenta a tres viajeros espaciales que se pierden y llegan… justo a ese planeta perdido. ―qué conveniente―; donde su miedo se convierte en “alimento” de una extraña criatura ―que parece una mezcla de los dementores de Harry Potter y Megamente―, y resulta ser… ―en serio, si algún día se convierten en súper héroes, maten a sus enemigos; ahórrense problemas.

“Tienen miedo… Bien”

Lo siguiente que vemos es al legendario Abin Sur en una nave espacial; contacta a otro Linterna y se entera de que otro planeta ha sido destruido y de que uno de sus compañeros está muerto. Pero no hay tiempo para llorar, su anillo parpadea, informándole de un peligro inminente ―prefiero el sentido arácnido―. Y Parallax ―que pareciera haber digi-evolucionado―, lo ataca… dentro de su propia nave. No sé si sea por la edad o el factor sorpresa; pero Abin Sur pierde miserablemente y se ve obligado a ir al planeta habitado más cercano.

Bien, a los diez minutos de la película, conocemos a Hal Jordan (Ryan Reynolds), a quien nos presentan como un irresponsable e inmaduro ―todo eso con sólo verlo despertar―. Corre a una prueba de combate aéreo y gana, de una manera poco convencional. En esta parte hay un “flashcbak” hacia su niñez, en donde ve morir a su padre. No reacciona a tiempo, paralizado por el miedo, y el avión se estrella… lo que provoca que lo despidan.

Mientras tanto, Abin Sur cayó en la Tierra ―¿en serio?―, y en Estados Unidos para ser más preciso ―nadie se lo hubiera esperado―; está muriendo, por lo que le dice al anillo que elija a alguien. Así, Hal Jordan se convierte en el primer humano en ser Linterna Verde. Felicidades, viste los primeros veinte minutos.

“En el día más brillante,

ni en la noche más oscura,

ningún mal escapará de mi vista.

A aquellos que adoran el poder del mal,

teman a mi poder:

la luz de Linterna Verde”

Resulta absurdo que a partir de este punto la película se torne lenta y predecible ―Sí, aún más―. La trama es muy simple y los personajes no terminan por definirse; incluso, en lo personal, creo que hubo un abuso en los efectos especiales. Por ejemplo, cuando Hal Jordan viaja a el Planeta Oa, hogar de los Guardianes, creadores del Cuerpo de Linternas Verdes, lejos de mostrar un mundo fantástico, da la impresión de que tomaron alguno de los fondos de pantalla que encontramos todos los días en internet.

Conocemos a Carol Ferris (Blake Lively), la eterna enamorada del protagonista ―y por lo tanto, la que estará en peligro al final―, y al Dr. Hector Hammond (Peter Sarsgaard), quien es amigo de Hal, y también está enamorado de la chica ―por lo que, naturalmente, será el malo de la película―. Todos dudan, incluso él mismo, de que Hal tenga lo que se necesita para ser un súper héroe ―no todos estamos preparados para esa responsabilidad―, lo que provoca que se niegue a usar sus poderes y rechace ser un Linterna Verde ―pero no regresa el anillo… Típico de los humanos.

Luego de escenas llenas de clichés ―aún para Disney―, peleas simples, conversaciones y efectos ―muchos, muchos efectos―. Viene la batalla final contra Parallax en la Tierra, que quiere destruir al nuevo portador del anillo que una vez lo venció ―en serio, si un día se convierten en súper villanos, si ya mataron a su némesis, maten a todos los que puedan; dejen los caprichos para después.

Ingenuo de mí, creí que salvarían la película con este enfrentamiento; que la Tierra se llenaría de Linternas Verdes y que destruirían Nueva York, Los Angeles o Washigton ―como cualquier película de destrucción que se precie de serlo―. Pero no. A esa criatura capaz de derrotar a los más poderosos del Cuerpo de Linternas, al que ha destruido planetas enteros, lo derrotan de una manera tonta y… que ya te esperabas desde la mitad de la película. Los malos se mueren, el protagonista se queda con la chica… Disney lo ha hecho de nuevo.

Ah, y para colmo, durante los créditos muestran a Siniestro ―el nombre ya dice mucho― que se quita el anillo verde de la voluntad y se pone uno amarillo del miedo. ¿Qué pasa? ¡Su traje cambia de color! Es idéntico, sólo que amarillo ―caray, en ese momento tuve la sensación de que había estado viendo una nueva cinta de los Power Rangers.

La película cumple con entretener; pero no vale para verla más de una vez y creo que no hace justicia a todos los fanáticos de Linterna Verde que esperaron casi tres años, desde que fue anunciada. Ojalá que corrijan el camino en la segunda parte, que está anunciada para el 2012. Por lo pronto, ya dijeron que no será dirigida por Martin Campbell.

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Gracias por la visita. No olvides que tu opinión importa. Califica, dale “manita arriba” o abajo según sea tu criterio y deja tu comentario.

Una Tregua con Mario Benedetti

27 Sep

(Con dedicatoria a: Ángela Hernández. Feliz cumpleaños)

ANÉCDOTA

Por fin, luego de 35 años de ponerle las tapitas a los tubos de dientes, ha llegado el momento de tu jubilación. Tienes apenas setenta y dos años: tu vida por delante.

Algunos de tus compañeros de generación están nerviosos y tratan de aparentar una energía que ya no tienen; usan la computadora y traen celulares muy modernos que ni siquiera se atreven a tocar por miedo a romperlos. Ellos no entienden tu sonrisa; no saben cómo interpretar esos momentos en los que te quedas mirando hacia la ventana, mientras el viento ondea ―y se lleva― tu blanca cabellera.

Miras el reloj en tu último día de trabajo. Todos te felicitaron, incluso los nuevos jefes ―mozalbetes recién graduados― te agradecieron por todos tus años de servicio.

Nada de eso importa. Pues, ahora, después de tanto esperar, finalmente podrás dedicarte a lo que te gusta: sexo, drogas y rock&roll.

RESEÑA

En 1960, Mario Benedetti sorprendió al mundo literario con su novela “La tregua”. Una obra de ficción escrita a manera de entradas de diario; en donde se narra un fragmento de la vida de su personaje, desde febrero de 1958 a marzo de 1959.

Tal vez uno de los mayores aciertos de la novela sea su “simpleza” y lo fácil que es identificarse con los personajes. Por ejemplo: Martín Santomé, el protagonista, es un hombre común ―a veces demasiado―, que carga a cuestas medio siglo de canas; es padre soltero de tres hijos ya mayores, y su relación con ellos no es nada buena; está a punto de jubilarse de un trabajo rutinario; y, por si fuera poco, está estancado en el sopor de la adultez, no sabe qué hará después con su vida ―¿te recuerda a alguien?

“Lunes 11 de febrero

Sólo me faltan seis meses y veintiocho días para estar en condiciones de jubilarme. Debe hacer por lo menos cinco años que llevo este cómputo diario de mi saldo de trabajo. Verdaderamente, ¿preciso tanto el ocio? Yo me digo que no, que no es el ocio lo que preciso sino el derecho a trabajar en aquello que quiero.

[…] Cuántas palabras, sólo para decir que no quiero parecer patético.”

La anterior es la primer entrada del diario, en donde ya podemos ver el ritmo y el tono que manejará el resto de la novela. A lo largo de la trama, el personaje nos habla de su familia, de su pasado, sus miedos, de su relación con sus jefes y subordinados; de el mundo que rodea: se reclama, y trata de hacer proyecciones y promesas… sin mucha convicción ―a veces parece un emo-viejito.

“Lunes 18 de febrero

Ninguno de mis hijos se parece a mí. […] Esteban es el más huraño. Todavía no sé a quién se dirige su resentimiento, pero lo cierto es que parece un resentido. Creo que me tiene respeto, pero nunca se sabe. Jaime es quizá mi preferido, aunque casi nunca pueda entenderme con él. Me parece sensible, me parece inteligente, pero no me parece fundamentalmente honesto. […] A veces creo que me odia, a veces que me admira. […] Blanca tiene por lo menos algo de común conmigo: también es una triste con vocación de alegre. Por lo demás, es demasiado celosa de su vida propia, incanjeable, como para compartir conmigo sus más arduos problemas.”

Para su sorpresa, una serie de eventos lo lleva a involucrarse en un romance con Laura Avellaneda, una muchacha de 24 años que entra a trabajar en la misma empresa ―¡oh, amor no conoce de edades! Pero el libido sí…―. Poco a poco, su relación va creciendo hasta que deciden vivir juntos; pero apartados de su casa, para evitar lo que sus hijos podrían decirle ―en un departamento que él rentó para sus encuentros y “episodios”.

“Miércoles 10 de abril

Avellaneda tiene algo que me atrae. Eso es evidente, pero ¿qué es?”

Otro punto a favor de la novela, es su coherencia y verosimilitud ―dilo tres veces muy rápido―. Las entradas varían en extensión, profundidad y temas según el estado de ánimo ―o el nivel de aburrimiento― en el protagonista. Así, a veces nos encontramos días en que describe con detalle cada paso; fechas en que resume todo en una frase; o huecos ―que a veces duran semanas― en los que ni siquiera escribe. Todo esto, dan una imagen muy acertada de lo que es un diario ―y no digo que lo haya tenido.

“Sábado 20 de abril

¿Estaré reseco? Sentimentalmente, digo.

Ellos se refieren a su relación como “lo nuestro”, lo cual funciona como un matrimonio; pero sin papeles. Y, como era de esperarse, Martín Santomé termina por animarse a pedirle matrimonio; con todo lo que conlleva ―como conocer a los padres ¡Chan-chan-chán!―. Los dos hacen planes y se enfrentan a los problemas, internos y externos, que van surgiendo.

“Martes 9 de julio

¿Así que tengo miedo de que dentro de diez años ella me ponga cuernos?”

La historia pinta bien, y parece que Santomé y Avellaneda serán muy felices. Sin embargo, todo comienza a tambalearse cuando ella deja de ir al trabajo, y no va al departamento ―trata de imaginar cuán difícil es planear una boda sin la novia.

“Domingo 15 de setiembre

Ella se ríe. Yo le pregunto: “¿Te das cuenta de lo que significan cincuenta años?”, y ella se ríe. Pero quizá en el fondo se dé cuenta de todo y vaya depositando muy diversas cosas en los platillos de la balanza. Sin embargo, es buena y no me dice nada”.

Y a partir de aquí los dejo solos, pues no quiero arruinar el final de esta obra. “La tregua” no tiene un momento aburrido, pues cada entrada está colocada en el momento y en la forma precisa. Sentimos con los personajes, y nos sorprendemos a la vez que ellos lo hacen. No por nada, esta novela está entre las favoritas de los lectores latinoamericanos y ha sido traducida a una gran cantidad de idiomas. Altamente recomendable.

“Viernes 28 de febrero

[…] Desde mañana y hasta el día de mi muerte, el tiempo estará a mis órdenes. Después de tanta espera, esto es el ocio. ¿Qué haré con él?”

Sobra decir que Mario Benedetti y “La tregua” ocupan un lugar de honor en mi lista de preferencias. Admiro esa genialidad disfrazada de simpleza que encontramos en cada uno de los trabajos del maestro uruguayo.

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Harry Potter y la piedra filosofal (del libro a la pantalla)

22 Sep

ANÉCDOTA

Para un niño normal, la idea de un viernes sin clase significa alegría, televisión, videojuegos y amigos; pero no para ti. Tu padre anunció que aprovecharían la ocasión para ir a visitar a la tía Cleopatra ―que lo único de egipcio que tiene es el proceso de momificación―. Protestaste, hubo huelga de hambre; hasta pediste apoyo al consulado inglés, para que te invitaran a la boda real y así tener una excusa para no visitar a la tía Cleo. Nada funcionó.

Mientras tus mejillas son masacradas, te imaginas qué pasaría si pudieras desaparecerte, incluso te conformarías con que un tornado destruyera la cocina o que los zapatos de tu tía se convirtieran en ratas infectadas de peste bubónica.

Trata de relajarte, sólo serán tres días.

HARRY POTTER: 

El niño que fue del libro a la pantalla

“Harry Potter y la piedra filosofal” es el primer libro de la saga literaria “Harry Potter”, escrito por la británica J. K. Rowling. La historia fue rechazada por varias editoriales ―supongo que despidieron a esa gente―, hasta que la editorial Bloomsbury aceptó apostar por ella. Fue publicada el día 30 de junio de 1997; y fue traducida al español por la editorial Salamandra en el 2000.

Fue un éxito inmediato, por lo que las críticas no tardaron: incluso fue acusada de promover al esoterismo. Así mismo, llegó la adaptación al cine, dirigida por Chris Culumbus en 2001, convirtiéndose rápidamente en una de las películas más taquilleras de la historia. Pero… ¿qué tan fiel es la adaptación cinematográfica al libro? Bien, para saberlo, comparemos cómo se cuentan (en el libro) y cómo se muestran (en el cine) tres de las escenas más importantes.

PRIMERA ESCENA

En la novela, la escritora nos presenta un mundo en fiesta, aunque la gente “normal” ―como ustedes―, no está enterada; nos habla de centenares de lechuzas en pleno día, de lluvias de estrellas y gatos que leen; conocemos a los Dursley: Vernon, Dudley y Petunia, así como la aversión que siente por todo lo referente a su hermana, incluso la niega ―qué diría Laura sobre esto, seguro les daría un carrito de Hot-dogs―; leemos el concepto de “muggle” aunque no se define; así mismo, comienzan los destellos de lo ocurrido con los Potter y su hijo, Harry.

Cuando llega la noche, Albus Dumbledore aparece en mitad de la calle, un anciano que viste raro ―nada que ver con Chespirito―. Está también es la primera escena de la película, y lo entiendo; después de todo, ¿a quién le importan los Dursley o el mundo? El anciano utiliza el Apagador para… ehm… apagar las luces ―sin comentarios― y le habla al gato-lector, que resulta ser una gata… es decir, la profesora MacGonagall. En la conversación de estos personajes nos enteramos de que hay celebraciones en todo el país y de la trágica muerte de Lily y James Potter. Pero en la película no nos dicen nada de esto, todo se resume a:

“―¿Los rumores son ciertos, Albus?

―Me temo que sí; los buenos… y los malos.”

En ambos casos, Harry es dejado para que crezca lejos de la fama, el cariño y de la presión por haber sido quien detuvo a Voldermort, para vivir entre el desprecio y la vergüenza con sus tíos sin saber por qué ―¿No quisieras tener un amigo así?

SEGUNDA ESCENA

Ahora hablemos de cómo los protagonistas encuentran a Fluffy, un adorable perro gigante de tres cabezas que custodia la Piedra filosofal ―sólo hablando de HP puedo decir una frase como esa sin quedar como un demente―. En el libro, Draco Malfoy reta a Harry a un duelo a medianoche. Hermione trata de disuadirlos, recordándoles que estar fuera de los dormitorios en mitad de la noche está prohibido; pero en su intento se queda afuera y no le queda otra opción que acompañarlos; en el camino también se encuentran a Neville ―otro personaje al que no le dan la importancia que merece― y… también va. Como era de esperarse, el reto era una trampa; por lo que se ven obligados a huir del celador/conserje, Filch―; entran justo al pasillo que les dijeron estaba prohibido. Y ahí conocen a Fluffy.

En la película: los tres amigos van caminando como si nada ―nunca queda muy claro a qué hora toman clase―, y ¡la escalera se mueve! Ellos corren al siguiente descanso y deciden, nada más porque sí, entrar a la puerta que tienen enfrente, a donde no deben ir ―nadie se lo esperaba…

“―¿Alguien más siente que no deberíamos estar aquí?

―Es que no debemos estar aquí: es el tercer piso. Está prohibido.”

Aparece la gata de Filch ―qué feo se lee eso―, y ellos corren para evitar el castigo. Lo que no entiendo es ¿cuál castigo?, ¿no pueden decir que la escalera se movió y ya? En fin, ahí conocen al tri-perro.

TERCERA ESCENA

Ahora, la parte clímax de la historia ―insertar música dramática y rayos, muchos rayos―. Comencemos en el punto en que Harry y compañía deciden impedir que el malo se haga con ella. Salen de noche ―sí, otra vez― y se encuentran a Neville ―sí, otra vez―, quien trata de detenerlos para que Gryffindor no tenga más problemas. Hermione lo petrifica y siguen de largo. Al encontrarse con Fluffy ―me encanta ese nombre―, ven que hay un arpa tirada, lo que significa que alguien más ya pasó por ahí; Harry toca una flauta que le regalaron en navidad ―qué conveniente―, y la bestia se adormece; se dejan caer por una trampilla y aterrizan sobre una planta a la que tienen que matar con fuego antes de que ella los asfixie entre sus ramas. Luego, entran a una habitación con llaves voladoras ―imagino que así se sienten los borrachos al llegar a casa―, en donde deben atrapar la correcta; los tres amigos vuelan en las escobas. Después, viene un juego de ajedrez mágico ―exijo tener uno de esos―; Ron ordena los movimientos, y al final queda malherido y deben dejarlo atrás―son magos, ¿no pudieron llevárselo levitando o algo así?―. La siguiente habitación tiene un acertijo con venenos, el cual Hermione resuelve con demasiada facilidad; pero nada más uno puede seguir, por lo que la amiga regresa con Ron. De la “batalla” contra Quirrel, el malo ―otra vez los rayos y la música―, se puede decir poco, pues sólo es la aclaración de los huecos en la historia y Harry gana, tocándolo… ―sí… se escucha terrible.

En la película, el arpa sigue tocando: el perro está dormido. La planta cambia, pues ahora basta con tranquilizarse para que no les haga nada, o pueden arrojar luz para que se retire. En la escena de las llaves, Harry es el único que vuela. Pero, lo que menos justicia tuvo fue el tablero de ajedrez: las piezas no hacen ni una cuarta parte de todo lo que dice el libro; igual, Ron queda lastimado ―golpeado por un trozo de polietileno pintado de roca― y no puede seguir; aquí mismo, Harry le dice a Hermione que se quedé con Ron. Omiten el acertijo. Y, ya contra Quirrel, es casi el mismo final.

CONCLUSIÓN

Hay muchas escenas en donde podemos ver que la película se enfocó en Harry Potter, y sólo en él; las circunstancias del mundo en que se desarrolla la historia, así como la participación e importancia de los otros personajes fueron reducidas, algunas incluso ignoradas. No digo que sea una mala adaptación, al contrario: creo que hicieron un muy buen trabajo al elegir su línea y trabajar  siempre sobre ella; querían mostrarnos a Harry como un héroe y no como un estudiante o un neófito en el mundo de la magia, como en varias partes hace el libro; y lo lograron.

“Lo que sucedió abajo, en la cámara, entre el profesor Quirrel y tú, es secreto; así que, naturalmente, toda la escuela lo sabe”

Quizás se debió a que gran parte de la novela se avoca a explicarnos por primera vez cada lugar, hechizo, persona y aparato; pero casi no hay escenas que quedaron fuera de la película. Lo cual, estoy seguro, muchos fanáticos de esta saga agradecen.

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