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Ser o no ser… la mujer perfecta

24 Abr

Situémonos en uno de los clichés de las telenovelas ―refritos― “orgullosamente” mexicanas: vemos a una mujer humilde que vino a la ciudad desde un lejano pueblito, buscando un trabajo honrado que le ayude a mandarle dinero a tu necesitada familia; sin embargo, la gente la recibe con rechazo, o indiferencia cuando tiene suerte. Pasan los capítulos, hasta que encuentra espacio como sirvienta en casa de una de las familias más importantes del país ―de esas mansiones que siempre ocupan más personas a quienes gritar― y… no tarda en caer enamorada de Víctor Eulalio Alfonso De la Garza y Garza Villalba, hijo mayor del alcalde. Un amor imposible… en apariencia, pues gracias a un buen número de situaciones convenientes, él descubre que ella es hermosa, divertida y ¡le corresponde! Como era de esperarse ―es casi obligatorio―, su padre la odia y la mira hacia abajo, como una malagradecida ―¡ah!, y a cada oportunidad trata de seducirla―, su madre jura que, sin importar qué tenga que hacer, no dejará que estén juntos, la hermana no la baja de una ofrecida, se burla de la pobre pueblerina con sus conocidas y la tacha de “naca”, y, para colmo, sus propias amigas no le creen que lo que siente es amor de verdad, pero le aplauden porque encontró la manera de salir de pobre. Luego de una sarta de escenas muy emotivas y frases melosas, a la trágica pareja, no les queda otra opción que la de huir juntos y ser felices para siempre en otro lugar. El amor triunfa, los televidentes lloran. Pero, algo pasa: tú no te quedaste tranquila, sino molesta, preguntándote por qué a ti no te pasa algo así, tratando de saber qué te falta para ser una mujer como ella, para que un hombre como ese.

Siempre pendiente a las necesidades sociales, “El pensar de un Panda” te trae la Guía del Panda para ser… la mujer panda, digo, perfecta ―que es lo mismo―; para que ya no sufras con patanes y puedas presumirle a tus amigas que Cupido sí existe. Luego de una ardua, extenuante y somnolienta investigación, este blog ha condensado las novecientas setenta y dos cosas que los hombres buscan en la mujer perfecta, en sólo doce puntos ―pero enlistamos sólo diez porque… bueno… la censura…

PRINCIPIOS BÁSICOS

  • Por los sentidos, no por el estómago

Aceptémoslo, solo en la memoria de nuestros abuelos persiste la idea de que la mujer perfecta es aquella que sabe cocinar, lavar, planchar, limpiar y estar callada al mismo tiempo que atiende al marido ―y que tiene las caderas anchas para cuando se embarace―. Olvídalo; ahora la tienen más difícil. Al varón “moderno” ―heterosexual-no-machista, para ser más específico― no le preocupa que su pareja sepa tender una cama, cuánta agua se le pone a la lavadora o a qué hora hay que apagarle a los fríjoles ―aunque dichas habilidades unisex nunca dejarán de significar puntos a favor―. Hoy en día, la mujer perfecta es la que logra cautivar cada uno de los sentidos; la que divierte e incita con su forma de ser; la que provoca necesidad de verla y ansiedad al sentirla lejos. La mujer ideal ―mujer panda, para fines prácticos― lo es desde su actitud, desde dentro. Trata bien a tu pareja, diviértanse; recuerda que las mejores relaciones ―las que duran― se basan en la mutua capacidad para hacerse reír. ―Aunque, si él es adicto al internet, hazle un sándwich… te pedirá matrimonio ahí mismo.

  • Los juegos del hombre

La mayoría de los hombres se declaran fans de las mujeres que se lanzan al ruedo sin temor al qué dirán; aseguran ―en sus cuentas de Facebook― que no les importaría que sean ellas quienes tomen la iniciativa en una relación. Esto, en la mayoría de los casos, es falso. Decía mi abuela que el hombre es un cazador por naturaleza; y esto, aunque quizás suena anticuado ―la frase, no mi abuela― tiene mucho de verdad. Entre hombres siempre estamos compitiendo, a veces inconscientemente, aunque tratemos de ocultarlo ―y competimos por quien lo oculta mejor―. Yo no digo que te limites, mujer, y que esperes sentada a que ese chavo que te gusta se arme de valor ―o de alcohol― y vaya a invitarte a salir, porque podrían faltar muchas noches solitarias para eso. No. Simplemente dale ese empujoncito que le hace falta con tu actitud, con una mirada, un roce; válete de tus artimañas y encantos para que él recupere un poco de la seguridad que tu belleza le arrebató ―awwww―. Déjalo ganar; dale algo para presumir, una historia para contar a sus amigos del cómo conquistó al amor de su vida.

  • Tanto tiempo, tanto espacio, y coincidir

―Ya sé que es la letra de una canción―. Es muy tierno cuando tu pareja cancela un compromiso o falta a una clase para disfrutar ese tiempo contigo… Lo sé. Pero hay que saber controlarse y mantener bien claras las prioridades, y comprender las de nuestro “peor-es-nada” ―¡ah, auto-pedrada!―; de lo contrario, puedes perder más de lo que ganas.  Lo maduro es tomar las cosas con calma ―controlar la hormona, como diría una amiga― y encontrar los momentos adecuados para verse. No es fácil… Lo sé, mas es lo correcto. Piénsalo un poco: si repruebas o te corren del trabajo por una calentura, perderás más tiempo y no tendrás nada qué ofrecerle más adelante a tu pareja. No por fuerza lo que llega caliente antes de treinta minutos es lo mejor; lo bueno se hace esperar.

  • Mujer de mala memoria

Nada, repito, nada es peor en una relación que las comparaciones. Dicen que el caballero no tiene memoria; pues bien, las damas tampoco deberían tenerla. Pocas cosas son tan “mata-pasiones” como los comentarios del qué, cómo, cuándo y dónde hacía algo tu anterior pareja; y peor es que le digas a tu novio, como no queriendo, que el otro lo hacía mejor que él. Hay un dicho muy mexicano, que originalmente es parte de una canción ―sí, sí… ya le voy a parar con eso de los dichos― que dice: “La chancla que yo tiro, no la vuelvo a levantar”. ¡Hazlo! En serio. No la recojas. Caray… ni siquiera voltees a ver si alguna pepenadora la recogió. Cuando comiences una relación y aún no hayas dejado atrás tu pasado, tienes dos opciones: acaba tu nuevo romance hasta que estés lista, o finge, por la tranquilidad de tu nuevo novio, que todo lo anterior a él se te olvidó. Él te lo agradecerá.

  • Una mejor amiga y no una segunda madre

Es agradable sentir que alguien se preocupa por ti ―de la buena manera―; que alguien se pregunta si dormiste bien, si traes suéter, si ya te recuperaste de la gripe o si no andas demasiado ebrio para manejar hasta tu casa. Es lindo sentir ese apoyo. Pero ese mismo gusto puede convertirse en algo incómodo si eres de las personas que llaman cada diez minutos para saber en dónde y con quién anda y a qué hora va a regresar; o mandas un mensaje que es a la vez un “terminamos” y una sentencia de muerte sólo porque tu novio no respondió a una de esas llamadas ―sin detenerte a recordar que a esa hora está en el trabajo o escuela―; o lo acusas de serte infiel porque se escuchó una risa de mujer del otro lado de la línea. Tómate un respiro. Recuerda que eres su pareja, no su madre para tratarlo como un niño pequeño. Con estas actitudes no querrá que lo acompañes ni a la esquina, y lo más seguro es que te mande a… hasta donde ya no tiene recepción el celular.

  • Afloja un poco la correa… No, no tanto

Hay mujeres que llegan a ser muy posesivas ―espero no sea el caso― y quieren tener a su pareja junto a ellas tanto tiempo como les sea posible. Esto, aunque romántico en apariencia, no es sino una gradual tortura silenciosa… que deriva en tedio o aburrimiento. Vale, exageré un poco. Debemos entender que los dos tenían una vida antes de iniciar la relación, y ésa no se detiene sólo porque te gusta tenerlo cerca. Recuerda que hay amigos ―y amigas, aunque te moleste―, sesiones de trabajo, proyectos escolares, reuniones familiares o simplemente el deseo natural ―porque es natural, y sano― de a veces estar solo; y como la mujer perfecta que eres, debes aceptarlo. Dale su espacio y que respete el tuyo; esto hará que esas veces que se vean, sea porque los dos quieren y lo disfrutarán mucho más. En un principio te mirará con desconfianza, y se alejará despacio, tratando de adivinar tus oscuras intenciones, sin dejar de verte, como un niño pequeño que tiene miedo de que su mamá lo abandone en el supermercado. Luego, de repente, jala la correa sin previo aviso y hazlo que pase todo el día contigo, recuérdale que eres su pareja y que no debe dejarte sola para irse con sus amigotes ―el drama es bueno en pequeñas dosis―. Este juego lo mantendrá confundido e interesado, creyendo que goza de una libertad… que ya no tiene.

  • Al lado de todo gran hombre…

Ya se ha dicho que el varón es competitivo con sus semejantes, así que no debería sorprenderte que en ocasiones quiera mostrarte como un trofeo; y es que en cierta medida lo eres para él. Hay que tener en mente que el amor tiene un alto porcentaje de admiración. No me crees, piensa en esa persona a la que amas y la larga lista de virtudes que ves en él, en el cómo a veces te da la impresión de que tiene más talento que cualquier otro; recuerda esa ocasión en la que te pareció que va a ser el siguiente Steve Jobs, sólo porque instaló el antivirus en tu computadora, o el siguiente Cristiano Ronaldo porque le metió un gol a su sobrinito de tres años. Si crees que tu amigo, novio o esposo es el hombre perfecto, dale motivos para estar orgulloso de ti, para sentirse afortunado de tener a una mujer como tú a su lado. Descuida, no tienes que esforzarte mucho, pues si te ama tanto como tú a él, te aseguro que te considera la mejor cantante del mundo desde esa vez que le cantaste “Las mañanitas” por teléfono ―el problema con el amor no es que sea ciego, sino que le nubla la vista al que lo padece también.

  • Los tuyos, los míos, los nuestros

Hay dos capacidades que nos delatan como humanos ante el resto del universo: la de soñar y la de equivocarnos. En ambos casos, la presencia y el apoyo de una pareja es muy importante. La mujer perfecta sabe cuáles son los sueños y ambiciones de su cónyuge, y a pesar de que algunas de ellas puedan parecerle tontas  ―como convertirse en jedi o salvar a la Tierra Media― las respeta y trata de mantenerlo motivado. Pero, a la vez que lo alientas a ser mejor día a día, déjalo que él te ayude ―cuando menos intente ayudarte― a alcanzar tus metas. Una mujer sin sueños ni ambiciones termina por aburrir a cualquier hombre… que sí los tenga.

  • Tratado de libre comercio

Habla, mujer, habla. Cuando algo esté mal, cuando algo no te guste o cuando quieras algo en particular, díselo a tu pareja, por favor. Sí, es muy romántico que él te adivine el pensamiento y te sorprenda con una caja de chocolates o un panda de peluche que te haga recordarlo por las noches; pero ese grado de comunicación casi telepática sólo se consigue luego de mucho diálogo y convivencia. Comienza despacio, con lo básico: déjalo que sepa qué te gusta y qué no; si durante los primeros meses de la relación sientes que algo falla o una actitud suya no te agrada, díselo; si estás muy enojada, triste, sensible, incómoda, lo que sea, y él te pregunta qué tienes, muérdete el orgullo y trata de explicarle sin rodeos qué está pasando. De esta manera, en poco tiempo él será capaz de entender tus silencios, de adivinar tus deseos y de interpretar tus miradas. A cambio, vas a ver cómo él se abre más contigo, facilitándote más las cosas.

  • Siempre hay un roto para un descosido

En este punto se supone que deberíamos hablar sobre las cuestiones de belleza y sexualidad; pero cada persona tiene gustos ―y fetiches― diferentes, en ambos aspectos, por lo que nunca acabaríamos. Es común ver por la calle a una pareja en la que no puedes evitar preguntarte ¿qué demonios le vio?, o ¿cómo alguien así puede tener novio y yo no?; pero tenemos que estar consciente de que la percepción de la belleza es cien por ciento subjetiva. Dicho de otro modo, la belleza está en los ojos del que la mira. No te sientas mal porque el vampiro brilloso no te voltea a ver, pues quizás te hubiera tratado como a una sirvienta o una más de su harén; da un vistazo a tu alrededor y date una oportunidad con un duende o algún troll. Recuerda que a veces los sapos se convierten en príncipes. Parte crucial de ser una gran mujer, es tener la capacidad de saber reconocer a un gran hombre. ―¡Porque aún hay… esperanza!, lo siento, me traicionó el fanatismo Simpson.

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Espero que haya sido de tu agrado esta entrada. Antes de irte, califica y comparte este blog a todas esas damiselas que consideras perfectas o muy cerca de serlo, y a esos amigos que no saben qué buscar en las mujeres. Si quieres pedir un tema en especial, por acá a la derecha están los enlaces al Twitter y la página en Facebook.

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