Lo que no sabías del transporte urbano

3 Oct

ANÉCDOTA

Por fin, luego de dos horas de ducha, peinado y vestido, estás listo para la cita de tus sueños. Juanita Cigüeña aceptó salir contigo después de seis meses de buen amigo. Sólo pensar en ella sientes que el mundo da vueltas, que tu boca se reseca y que las manos te sudan. Sin embargo tendrás que ir en autobús,

No es nada, sólo tienes que salir una hora antes y utilizar el triple de colonia para contrarrestar el aroma a humanidad que se impregnará a ti. Apenas subes al camión te encuentras con un paisaje de saturación y apatía. Avanzas hasta un espacio vacío y te sujetas del pasamanos.

“Qué guapo”, te dice una ancianita que va sentada. Agradeces y desvías la vista. “¿Vas a ver a tu novia?” continúa. Sonríes con nerviosismo. “¡Ah, ya veo! No te apures, uno de mis nietos pasó por algo muy paracido; él…”. Ya no la escuchas, te pones los audífonos con disimulo y llenas tus oídos de música. La viejita sigue hablando; por lo que debes asentir de vez en cuando para que crea que sigues en su conversación. “Carajo”, piensas, “y todo porque no pudiste conseguir el coche.

Descuida, sólo te restan cuarenta minutos de camino.

REFLEXIÓN POSTERIOR

He leído, escuchado ―y comentado― mucho acerca de las carencias del servicio de transporte público. Sin importar la ciudad, la larga, larga lista de quejas es muy parecida; sólo varía en algunos detalles que terminan por ser los que le dan cierta identidad  ―algo así como la leyenda de la Llorona―. El costo, el estado de las unidades, la actitud de los conductores, el costo, la inseguridad, la impuntualidad y el costo, son sólo algunos de los temas de los que las personas, y los blogs, se quejan con frecuencia.

Pues bien, este blog no comulga con esa clase de campañas en contra del servicio. Al contrario, evitaré hablar del deterioro de los vehículos, de la cuestionable capacidad para conducir de los choferes, y sobre todo, no se pondrá en mesa lo referente al excesivo e injustificable costo.

Luego de una exhaustiva investigación, en “El pensar de un panda” se ofrece una pequeña lista de servicios que pasamos por alto, así como ciertas habilidades que desarrollamos al ser usuarios diarios del transporte urbano.

Servicios

  1. Cura el insomnio. Los asientos de los camiones han sido bendecidos por Morfeo. Poco importa a qué te dediques, tu edad o tus problemas, basta con sentarte, y en un período de entre cinco y veinte minutos, caerás rendido en un profundo sueño ―puede variar según la temperatura y la hora del día―; es claro que esto tiene dos intenciones: la primera es ayudarnos a descansar; y la segunda, crear la sensación de que el trayecto no fue tan largo.
  2. Despertador. Los dirigentes de las compañías de transporte hicieron un convenio con el gobierno para ofrecer este servicio. Se trata de la ubicación estratégica de baches, topes, hoyos y banquetas ―¿apoco creías que estaban ahí por accidente?― para que, cuando el  camión pase sobre ellos, tú despiertes y mires alrededor. De esta manera, ayudan a que no pases de largo tu bajada.
  3. Gimnasio móvil. Este servicio sólo aplica cuando te ves en la necesidad de ir de pie. Los choferes han sido instruidos para convertir las calles de la ciudad en rutinas de ejercicio. Por ejemplo: deja que tus bíceps lleguen al límite cuando el autobús tome una curva a toda velocidad; siente la fuerza de tus muslos cada vez que el vehículo pasa por encima de un tope.
  4. Sauna/vapor. Olvídate de pagar en un club por un servicio que en los autobuses, a medio día, es algo gratuito y ecológico. Deja que la suma de calores corporales convierta un monótono viaje en una experiencia benéfica para tu salud. Este servicio depende de común acuerdo de los pasajeros para mantener las ventanas cerradas.
  5. Noticiero. ¿Saliste de casa sin escuchar a Lolita Ayala? ¿No pudiste ver a López Doriga? ¡No importa! Apaga tus audífonos y escucha: el camión es una fuente inagotable de noticias locales, nacionales e internacionales. Aquí, si sabes poner atención, podrás enterarte del acontecer diario de la sociedad. Entérate de resultados deportivos ―con crítica y mentadas incluidas―, chismes de la farándula, clima, notas rojas, etcétera. Sólo recuerda que debes ser discreto, pues muchas de las cosas que se hablan en el interior de los camiones son confidenciales.

Habilidades que desarrollas

  1. Leer los labios. Debido a la cantidad de voces, música y al tráfico, conversar en los camiones se ha vuelto más y más difícil. Sin embargo, esto no es algo negativo, pues ha desarrollado nuestra habilidad para leer los labios de los demás. Piénsalo un poco: cuando alguien te pide que lo dejes pasar o que timbres, ¿lo escuchas o adivinas lo que te dicen? Hay entrenamientos militares para esto, y tú lo aprendiste sin darte cuenta.
  2. Equilibrio superior. Desde que subes, el chofer pone a prueba tu equilibrio reanudando la marcha ―con la puerta aún abierta para mayor grado de dificultad―. Asimismo, las rutas han sido cuidadosamente planeadas para afinar tu estabilidad física. Ejemplo: moverte por en medio de un mar de personas mientras balanceas tu mochila, suéter, audífonos, bebida y comes algo de botana… No cualquiera puede hacerlo.
  3. Razonamiento matemático. Cada vez que pagas el camión, te ves en la necesidad de revisar tu cambio ―ustedes pongan el sinónimo que necesiten― sin detenerte, con el vehículo en movimiento y la respiración de alguien más en la nuca. Esto, inconscientemente mejora tu habilidad para contar. ¿No es cierto? Antes, tardabas cinco o seis segundos para contar las monedas, ahora… lo haces con sólo un vistazo.
  4. Técnicas de supervivencia. Como en todo, los malvivientes y sinvergüenzas ―como los llamaría mi abuela―, aprovechan cualquier aglomeración para hacer de las suyas. No puedes evitar el contacto en los camiones ―varias amigas acabaron por resignarse a uno o dos “rozones” diarios―. Pero eso sí, aprendes a sobrevivir a sus técnicas. Poner tu billetera en el bolsillo de enfrente, usar la mochila en el pecho o guardarte el celular en los calcetines, no es algo instintivo.
  5. Teatralidad. Mi favorito, lo reconozco. Ser usuario de urbanos te convierte irremediablemente en un actor ―tan bueno como para ser llamado a “La rosa de Guadalupe” o “Laura”. Aprendes a fingirte dormido para no ceder tu lugar o a cojear para que te dejen uno; a cargar a un niño de quince años para ahorrarse un pasaje. También están las que aseguran estar embarazadas. Los asientos lo son todo en un camión, y la gente hará lo que sea para conseguirlos.

Por eso, la próxima vez que suban a un camión, no piensen en lo negativo, sino en todo lo que le debes a este servicio. Dile “buenos días” ―o tardes, o noches… no lo tomen literal―, al conductor, porque podemos estar seguros que no ha sido fácil aguantarnos a lo largo de todos esos viajes… y los que faltan.

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Te agradezco la visita y la lectura. Ahora, no te olvides de dejar tu comentario.

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9 comentarios to “Lo que no sabías del transporte urbano”

  1. Jesús Alexandro 7 octubre, 2011 a 16:58 #

    jajajajja neta
    Te faltó poner los estudiantes de secundaria y prepa; se suben, todos, haciendo una fiesta -literalmente-, también el “teatro” con los payasitos jajajaja a esos la gente les tiene hasta miedo por quen se agarran a uno de carrilla para que se burlen los demás, te quedó fregón

  2. Angelus_006 4 octubre, 2011 a 10:29 #

    Eso de estar embarazada, a veces no sirve, a mi solo dos veces en mis 9 meses de embarazo me cedieron el lugar, en los camiones se olvida la caballerosidad y claro que no es fácil ser chofer, pasar diario más de 5 veces al día por las mismas calles, la misma ruta, ha de ser un martirio, por eso yo siempre digo buenos días, tardes o noches, jajajajaja, eso es en verdad verle el lado positvo a las cosas, me agrada, saludos.

    • Eduardo E. Figueroa (Yayo el panda) 4 octubre, 2011 a 16:08 #

      Sí, seguro que es difícil. Y peor cuando deben soportar a la clase de pasajeros que les gusta discutir por todo y quejarse por lo demás.
      Estoy de acuerdo contigo: nada nos cuesta darles (y darnos) un respiro.

      • Juan 6 octubre, 2011 a 13:02 #

        La verdad es que sí, hay gente que se la hace de bronca al chofer y lo insulta por mero gusto. Muy chido post.
        Yo tambien te agregué en mi blog. Sigo esperando el cuento

  3. joel marquez 4 octubre, 2011 a 10:17 #

    muy bueno mi estimado Eduardo, solo te falto dentro de los servicios el área de masajes, en lo que pasas de un lado al otro no falta la chavita maldosa que te mete un apretón de nalgas, o los weyes maldosos que le meten una nalgada a la ninfa chula….

  4. BloggerGeek 3 octubre, 2011 a 22:59 #

    jajaja me gusto el post y la verdad es cierto anterior mente tambien hice uno referente al transporte publico… saludos primo

    • Eduardo E. Figueroa (Yayo el panda) 4 octubre, 2011 a 16:05 #

      Qué bueno que te haya gustado. Gracias por la visita.
      Me daré una vuelta para leer tu publicación.
      Saludos, estamos en contacto.

      • Anónimo 4 octubre, 2011 a 16:16 #

        jajajajjajajajajaj bendecidos por morfeo, recuerdo que en mis tiempos de camion, de regreso a mi casa, utilizaba mi monedero metalico de sonaja para cantar 😉

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