Cuando sea grande, quiero ser mexicano

18 Sep

ANÉCDOTA

Despiertas ya pasado el medio día, con resaca, naturalmente; la fiesta que organizaron tú y tus amigos para dar “El Grito” terminó casi a las cinco de la mañana. Tratas de hacer memoria: ¿qué tomaste? Tequila, mucho tequila; una, dos o veintisiete cervezas; y quizás un poco de brandy, coñac y whiskey para verte refinado. No te arrepientes. Sientes ganas de vomitar y parece que tu habitación está dando vueltas; pero no te arrepientes.

Anoche gritaste a todo orgullo: “‘Viva México!”, abrazaste a un montón de desconocidos, acusaste de “maricas” a un grupo de abstemios y trataste de conquistar a cuanta mujer se te puso enfrente; buscaste pleito con siete sujetos y le diste un puñetazo a ése que insultó a tu equipo de fútbol y al que intentó ligarse a tu hermana. Bebiste directo de la botella, cantaste con el mariachi las de Pedro Infante, Agustín Lara y José Alfredo Jiménez. Saliste caminando en zigzag y, para cerrar una noche perfecta, saliste en televisión y, gracias a internet, muy pronto serás famoso.

Miras el reloj: las 12:41. Tenías que estar en el trabajo desde las ocho. No importa. Ya pensarás en la excusa para tu jefe; te consuela pensar que lo más probable es que él esté igual que tú. Después de todo, celebrar a la nación es sólo una vez al año.

REFLEXIÓN POSTERIOR

Ser mexicano no es ponerte la playera de tu equipo cada fin de semana, ni ofenderte porque un programa de televisión británico se burló llamándole “tortilla” a un auto ―que, sigo diciendo, parece más bien una torta pequeña―, ni siquiera se trata de empeñar hasta a tu perro para ir a apoyar  a la selección a algún mundial; ser mexicano va más allá de eso, es un orgullo a la vez que un privilegio del que no cualquiera puede presumir ―sólo los nacidos en territorio nacional, de padre o madre mexicana o que se naturalicen, o los que nacen en embarcaciones o aeronaves con nuestra bandera… pero nada más ésos―. Y debemos de disfrutar y celebrarlo como tal.

Pocos países en el mundo pueden presumir de tener una tradición histórica como nosotros. Podríamos hablar de los aztecas, toltecas, tlaxcaltecas, zapotecas, mixtecos, huastecos, teotihuacanos, pames, purépechas, rarámuris; cada pueblo con sus costumbres, tradiciones, arquitectura, política y comercio; y, aún así, estaríamos apenas dando un pestañeo de nuestra historia ―porque nuestra historia no comenzó con la llegada de los españoles―. Después vino el mestizaje, la sangre europea y africana llegó a nuestra tierra. Todas estas mezclas dieron como resultado al México moderno, mismo que se define como una sociedad pluricultural y tolerante; que se mantiene fiel a sus costumbres como el Día de Muertos y… ehm… otras ―el hecho de que no pueda pensar en una no significa que no las haya―; somos un país que conquista al corazón extranjero con la calidez de su gente y sus maravillas naturales ―ah, eso sonó a comercial barato de la SECTUR.

El mexicano es adicto al peligro y a las emociones fuertes; no teme a la muerte, sino que la ve como su amiga. Disfruta de la sensación de la adrenalina, quiere hacerlo todo al mismo tiempo ―este blog es muy mexicano― y sabe trabajar bajo presión ―no es que sea flojo―, por eso que espera hasta el último momento para cumplir con sus actividades o tareas; vive bajo la premisa de: “Me van a pagar igual si lo entrego hoy o el último día”. Y, en caso de no terminar, tiene una capacidad de inventiva única en el mundo; las excusas brotan de sus labios como un reflejo ―y muchas veces son verdaderas genialidades: historias con introducción, dos o tres nudos y un desenlace sorpresivo y conveniente―. Todo para conseguir un aplazamiento de la fecha de entrega. Lo que conduce a otro punto importante de la idiosincrasia nacional: la puntualidad. En México es común escuchar “cité a la gente a las ocho, para empezar como a las nueve y media”, o “¿Llegar temprano? Ni que fuera a barrer”. En la mayoría de los trabajos y escuelas existe algo llamado “tiempo de tolerancia”, que va de los cinco hasta los quince minutos ―al menos eso me han dicho…― y que sólo es un rango en donde la impuntualidad es todavía “perdonable”.

En cuestión de ciencia y cultura, México es cuna de tres personajes galardonados con el Premio Nobel: Alfonso García Robles, ganador del Nobel de la Paz en 1982; Octavio Paz, premio Nobel de Literatura en 1995; y Mario J. Molina, ganador del Nobel de Química en 1995. Es sólo cuestión de tiempo para ampliar esta lista, pues, la televisión nacional está repleto de programas culturales que fomentan el pensamiento analítico-crítico de los niños: “Laura”, “La rosa de Guadalupe”, “La Academia ―¡ahora, en 3D!”, Ventaneando, Big Brother ―en cualquiera de sus versiones”, “Las lavanderas”, “Guerra de chistes”, etcétera. Por si eso fuera poco, el mexicano promedio lee tres libros al año, si multiplicamos esta cifra por los 112 millones de mexicanos que somos, da un aproximado de 336 millones de libros leídos ―de alguna manera había que salvar esa cifra.

Además, nuestra gente sabe de historia; un estudio reciente demostró que más del 60% de la población sabe que los niños héroes fueron: Juan Escutia, Juan de la Barrera, Agustín Melgar, Vicente Suárez, Harry Potter y Ron Weasley.

Si de algo podemos presumir es de nuestra gastronomía, que es reconocida a nivel mundial por su gran variedad de sabores y su condimentación; no por nada en el 2010, la UNESCO la nombro como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Platillos tan típicos como el mole, los tamales, el zacahuil, las tortas ahogadas, o los tacos son sólo la punta del iceberg ―sí, la RAE ya agregó esa palabra a nuestro diccionario―; tampoco podemos olvidar a la pizza a la mexicana, el chili con carne o los makis con salsa Valentina. Todas estas recetas nos confirman de la riqueza ―y la fortaleza gástrica― que tiene nuestra gente.

Por eso ―y por muchas otras razones que no escribiré porque ya me dio flojera―, es que México es único y debemos estar orgullosos de haber nacido en él. Nadie quiere ―ni puede― “ocultar el nopal con un dedo” o ser indiferente ante la difícil etapa que atraviesa nuestro país; pero les recuerdo que esas circunstancias no son más fuertes que nosotros, que la sociedad, que nuestro deseo de ser cada día mejores y poner en alto, en donde le corresponde, el nombre de nuestra patria. ¡Viva México! ¡Viva Hidalgo! ¡Viva Morelos! ¡Viva Jiménez!… y demás calles del Centro Histórico.

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10 comentarios to “Cuando sea grande, quiero ser mexicano”

  1. la loca de los gatos 19 septiembre, 2011 a 21:59 #

    Ron y Harry no son niños héroes nacionales son de Inglaterra
    los nacionales son esos que son explotados en televisa, el programa de los pequeños o no se que, como que todo mundo los idolatra y no se por que

    • Eduardo E. Figueroa (Yayo el panda) 20 septiembre, 2011 a 18:03 #

      Son nacionales también. ¡Recuerda que Voldemort quería adueñarse de todo el mundo mágico! Los Pequeños Gigantes son sólo héroes menores, como “El niño artillero” y Speedy González”.
      Saludos.

  2. Jesús Alexandro 19 septiembre, 2011 a 12:56 #

    Me encantó!
    Bien dicho compañero. Viva México! a pesar de todo

    Debemos volver a unirnos como en el movimiento de la Independencia, duele que ahora nos estemos dividiendo…

    Que ni las religiones ni la política ni las posiciones sociales nos separe; que todos somos hijos del águila y la serpiente

  3. miguel 18 septiembre, 2011 a 22:51 #

    te falto desir que tenemos una capasidad de culpar al gobierno sorprendente, ¿que por que tanta inseguridad?: el gobierno. ¿que por que tanto bandalo en la cuadra donde solo vive mi familia y los vesinos y los hijos de estos junto a mis hijos?: el presidente, ¿que por que sube la gasolina?: los pinches politicos: ¿que si el calentemiento global?: pues a de ser calderon, ¿que si pierde mexico la final?: alli si no culpamos a otros, son (ellos, pero que tal cuando ganan?) unos pendejos, que si la resecion economica mundial, pues el pinche pan que esta en el poder (estariamos mejor con lopes obrador, jajaj claro seria mas facil hecharle la culpa) que si el chupacabras, a de ser un complot del gobierno (y eso de que el chupacabraas lo inventaron ellos nadie lo cre, mira que almasenar la tecnologia jenetica pra crear tal personaje…¬¬ todos savemos que es extraterrestre, o se lo robaron a los gringos).
    perdona la ortografia es qeu el sistema educatibo…

    • Eduardo E. Figueroa (Yayo el panda) 18 septiembre, 2011 a 23:12 #

      Tienes mucha razón: tal parece que echar la culpa es deporte nacional, qué lástima que no esté en las Olimpiadas. Lo peor es que el individuo nunca tiene la culpa, sólo estira la mano y se queja.
      Sí… el sistema… jajajajajaja.
      Saludos. Gracias por el comentario.

  4. Atekokoli 18 septiembre, 2011 a 22:41 #

    Adoro tu ironía!!!…
    creo que la única persona con sentimientos patrios en éstas fechas son los tipos que se encargan de poner los foquitos en las fachadas de los edificios.. ellos se la juegan por cosas que creen que harán más felices a los demás… miento.. a ellos también les pagan D:-
    olvidalo, no existe eso.. ¡quememos banderas!!

    • Eduardo E. Figueroa (Yayo el panda) 18 septiembre, 2011 a 23:08 #

      El amor por la patria se plasma en cada una de nuestras acciones, y no en agitar una banderita y levantar el puño a la voz de “¡Viva México!”.. No sé si debamos quemar banderas, sólo sé que es necesario quemar tabúes y mentiras.
      Gracias por la visita y tu comentario.

  5. DeEnY 18 septiembre, 2011 a 22:05 #

    hahahahahahahahahaha olvidaste a hermaione en los niños heroes

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